El rector de la Universidad Antonio de Nebrija, de Madrid, España, doctor Fernando Fernández Méndez, en un artículo de opinión publicado esta semana en el diario español ABC comentó que “la crisis financiera (de Estados Unidos y el mundo) no ha puesto en cuestión la economía de mercado. Sólo los excesos que se han realizado en algunas políticas económicas concretas… Crisis bancarias ha habido muchas y seguirá habiendo…”
En realidad, es inútil el gran entusiasmo con el que los enemigos del capitalismo están celebrando su muerte, según ellos causada por la actual crisis financiera norteamericana y mundial. Como dice el académico español antes citado, crisis del capitalismo ha habido muchas desde su surgimiento en Europa en el siglo XVI, y las habrá en el futuro. Pero sin duda que este sistema económico que ha producido tanta riqueza y progreso en el mundo, seguirá existiendo a pesar de sus defectos y no obstante los malos deseos de sus detractores y enemigos. Y sobre todo seguirá existiendo por su inmensa capacidad de autorrecuperación, porque precisamente en el reconocimiento y la corrección de sus fallas está la clave de su fortaleza, y porque, al fin y al cabo, no hay ahora cómo ni con qué sustituirlo y seguramente no lo habrá en quién sabe cuánto tiempo en el futuro.
Ahora bien, tanto se ha hablado sobre esta crisis financiera estadounidense y global, que a estas alturas del tiempo ninguna persona más o menos informada desconoce su origen y sus entretelones , y en consecuencia no ignora sus posibles soluciones. Pero en todo caso es útil recapitular y puntualizar el problema.
Primero, la crisis se originó —en Estados Unidos— debido a que los créditos hipotecarios proliferaron al permanecer la tasa de interés en niveles muy bajos, durante mucho tiempo. Gran parte de esos créditos fueron los subprime, como se denomina en la jerga económica a los créditos de alto riesgo que no tienen garantías reales, de manera que cuando inevitablemente subió la tasa de interés aumentaron las cuotas de pago y muchos deudores cayeron en mora. Y e l resultado directo e inmediato de eso fue que bajaron los precios de las viviendas y los morosos tampoco pudieron venderlas para pagar sus deudas.
Segundo, a pesar de lo anteriormente dicho, muchas empresas financieras siguieron otorgando préstamos, para lo cual armaron paquetes con las hipotecas y las vendieron a otras entidades financieras. Pero cuando esos paquetes se dejaron de pagar, la falta de liquidez y la insolvencia se trasladaron inevitablemente desde las firmas hipotecarias hacia los bancos, y de éstos a las compañías aseguradoras, a los fondos de pensiones de los jubilados, etc.
Tercero, ante la amenaza de la crisis financiera de Estados Unidos se levantó en Europa una ola de estatización de bancos privados, que motivó a los inversionistas a desprenderse masivamente de sus acciones, lo cual impactó de retorno en la bolsa de Wall Street y ayudó a que cayeran sus valores, caída que se agravó después de que el Congreso estadounidense rechazara el plan de salvamento financiero propuesto por el presidente Bush, a pesar de que había sido consensuado por los líderes demócratas y republicanos de la Cámara de Representantes.
Ahora, después de que el Senado de Estados Unidos aprobó el miércoles en la noche el plan de salvamento financiero, con el respaldo de dos tercios de sus votos , se espera que una nueva votación en la Cámara de Representantes rectifique la decisión del lunes pasado y que los congresistas sigan la pauta que establecieron los senadores bajo el liderazgo de los dos candidatos presidenciales, Obama y McCain.
Por otro lado, es lógico y obligatorio que el salvamento financiero implique no sólo la asignación de una inmensa suma de dinero para evitar una verdadera catástrofe, sino también una mejor regulación de los sistemas financieros y una mayor intervención del Estado en la economía. Pero no es una intervención para dirigir la economía, sino para propiciar el equilibrio entre sus sectores, para distribuir adecuadamente las pérdidas y para conducir la recuperación económica global cuando concluya la crisis actual, mientras viene la siguiente.
En realidad, la clave del sistema económico capitalista no radica en que el Estado no intervenga nunca en la economía, sino que intervenga sólo en lo que es necesario y cuando sea menester. Esto garantiza el capitalismo para mucho tiempo en el mundo, inclusive en aquellos países comunistas que lo han adoptado porque ya no quieren seguir viviendo en el atraso y la extrema pobreza , como son los casos de China y Vietnam.