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La oración y las acciones
Migdonio Blandón
El autor es empresario.
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Me permito opinar sobre la actitud gubernamental en lo referente a la pública campaña de oración permanente, de grupos de gente humilde que, rotándolos, de algún tiempo a esta parte ocupan las rotondas de la capital, proveyéndoles, además de alimentación y servicios higiénicos portátiles, de música electrónica, orando según ellos por el cambio del odio por el amor.

Sin la intención de juzgar tales acciones, creo que si fuesen voluntarias y con verdadero fervor, serían en todo concepto loables.

Los cristianos debemos estar conscientes que orar con fe es buscar la necesaria relación con Dios, que es el que con la vida todo nos da; y sabemos que sin Él, ni somos nada ni valemos nada. Sería sí condenable por el Señor, si tales acciones fuesen farisaicas y propagandísticas

A los fariseos fue a los que nuestro Señor Jesucristo fulminó diciéndoles: hipócritas y sepulcros blanqueados llenos de podredumbre.

Dios no permita que aquí caiga tal abominación que en vez de beneficios traería maldiciones a nuestro sufrido pueblo. María Santísima dijo al vidente Bernardo en Cuapa que la paz y la reconciliación son construidas con actitudes.

Se ha dicho: “Hechos son amores y no buenas razones”. Hay actitudes encomiables en el Gobierno, como es la merecida pensión a Sor Emilia, la ayuda a algunos que de veras la necesitan y a determinados colegios e iglesias; pero desafortunadamente otras son repudiables, así la amenaza a medios de comunicación independientes, la injustificada y aberrante acusación en ciertos canales TV a personas honorables, el trato inadecuado a países donantes, e involucrarse en causas ajenas.

Los rótulos gigantes que proliferan sugiriendo nuevas victorias, las floreadas presentaciones públicas, la diversificada propaganda y las rotondas orantes, no podrán alcanzar poder satisfactorio para acallar el justo reclamo popular, si a ello no se accede con un cambio de actitud, bajándose del caballo de la soberbia al terreno que la ciudadanía consciente pisa; y dejando la arrogancia, se dialoga en el mismo tono.

El titular del Ejecutivo, por conocidas circunstancias a pesar de su desastrosa Administración anterior, nuevamente alcanzó el poder, encontrando al tomar posesión casi restaurado el país en lo socioeconómico.

Por lo que ha sido ésta para él, una brillante oportunidad de reivindicarse y, gobernando con el debido orden, recuperar parte de la década perdida por su causa y lograr así un lugar honorífico en la historia.

Es una pena que no haya sido así. Pero el Señor es infinitamente misericordioso y se vale de toda su creación para hacer los cambios pertinentes.

A su debido tiempo en su siembra humana sabe cuando el fruto está de corte utilizable y también cuando aparta la cizaña.

Sus medios sólo Él los conoce. Como cristianos sabemos que al morir trascenderemos a la eternidad y que si seguimos sus principios, iremos a ocupar en su Reino sus moradas ofrecidas. Por supuesto, solamente si nuestras actitudes lo ameritan.

Dios ha de querer que aunque haya equívocos graves, si con humildad lo pedimos, por su infinita misericordia, Su Santo Espíritu interiormente nos cambie de forma positiva para que la oración nos transfigure y vivamos como Él ha querido.

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