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El colegio electoral
Peter R. Bernal
El autor es analista internacional.
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Volvemos a tener que considerar esta curiosa institución política y sobre todo entender cómo funciona. Muchos opinan que la política presidencial es como un partido de futbol, simple en sus objetivos, pero complicado en su ejecución. Por lo tanto, el juego es “Ganar 270 votos electorales (VE)”, pero para eso hay infinidad de estrategias, como lo es seleccionar el compañero de fórmula, debatir con pasión los temas, proyectar una campaña política coherente con argumentos de interés y otros. Frescas en nuestra memoria están las reñidas contiendas presidenciales del 2000 y 2004, donde George W. Bush triunfa, primero sobre el vicepresidente Al Gore 271 por 266, y después ante el senador John Kerry, 286 por 251, gracias a los 20 VE de Ohio, un estado que gana por el voto popular con el 50 por ciento a Gore y 51 a 49 por ciento a Kerry.

Los actuales sondeos de opinión, tanto los diarios como los semanales que analizan e investigan varias firmas de prestigio nacional, sobre el sentir de los votantes, se mantienen dentro del margen de error (dos y cuatro puntos), pero lo que nadie ha podido pulsar con claridad meridiana es la ola de nuevos electores de ambos sexos, que se han inscrito masivamente, al igual que los llamados independientes o sin partidos, que no quieren soltar prenda hasta horas antes del sufragio. Asimismo, me llaman poderosamente la atención los sondeos del Colegio Electoral, donde hay afinidad en estados vacilantes, que pueden alterar cualquier pronóstico de victoria anunciada a priori, pues la diferencia entre McCain y Obama es ínfima.

Meditemos cómo funciona este sistema del Colegio Electoral, que introdujeron los Padres Fundadores, como un compromiso aceptable de elegir al Presidente, en la Constitución de los Estados Unidos en la Convención de Filadelfia en 1787. Primero que nada, el que gana la pluralidad del voto popular en su estado gana el voto electoral, con excepción de Maine (4) y Nebraska (5), que se obtienen ganando los distritos legislativos. Por ejemplo, si McCain triunfa en Florida, obtiene 27 votos electorales (25 representantes y 2 senadores). Si Obama gana Nueva York, logra 31 votos (29 representantes y 2 senadores). En unos comicios donde estamos apreciando que los votantes están fraccionados, no le da garantías al vencedor del voto popular a sentirse seguro, pues como en la elección de Gore vs. Bush en el 2000, que a pesar de los 550,000 votos populares pierde por 5 VE. Otras han sido la de Andrew Jackson vs. John Q. Adams en 1824; la de Samuel Tilden en 1876, donde triunfa por 250,000 votos populares sobre Rutherfork Hayes, y pierde por un solitario VE; y la derrota de Grover Cleveland frente a Benjamín Harrison en 1888, que pesar de 90,000 votos populares más, solamente triunfa en estados que le daban el 42 por ciento de los VE. En otras palabras, la historia es sabia, nada está escrito y mucho menos en estas elecciones del 2008.

Repasando diversas encuestas sobre el voto electoral, hemos observado que hay varias suposiciones y teorías en referencia a los estados que están indecisos y otros citados inclinándose o Leaning State. Permítanme un poco de gimnasia y especular matemáticamente sobre un posible escenario. V amos a proporcionarle al senador McCain, además de los 174 VE que tiene seguros según sondeos, los estados de Florida (27), Carolina del Norte (15), Missouri (11) y los primordiales 13 votos de Virginia, para un total de 240 VE. Al senador Obama le proveeríamos Michigan (18) y Pennsylvania (21), más los 227 que aparecen como seguros; llegaría a 260 VE. Estos cálculos nos dan 500 VE entre ambos y solamente quedarían 38 VE: Ohio (20), Colorado (9), Nevada (5) y Nueva Hampshire (4), para completar los 538 VE en juego.

Finalmente, estos números abren un fascinante abanico de opciones y posibilidades, pues si McCain gana los 29 VE de Ohio y Colorado o si Obama logra los 9 VE de Nevada y NH, estarían empatados con 269 VE cada uno y esa paridad en el Colegio Electoral sería argumento para otro trabajo. Mientras tanto les dejo la inquietud, para que continúen sumando y restando en su calculadora, pues todo nos indica una reñida y enredada faena entre los candidatos, para llegar a los 270 VE necesarios para ocupar la Casa Blanca. Hasta los afamados politólogos han llegado a la conclusión de que esta elección la solucionarán los debates. ¡Así de sencillo!

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