Cada vez que ocurren acontecimientos cruciales como el gran fraude electoral del pasado 9 de noviembre, que significan graves retrocesos institucionales, algunos analistas comparan la suerte de Nicaragua con el drama de Sísifo, el mitológico personaje griego que fue condenado a empujar cuesta arriba una enorme roca, la cual, cuando lograba subirla hasta la cima, rodaba hacia abajo y de nuevo Sísifo tenía que emprender su penosa tarea. Y así por toda la eternidad.
Pero es injusto comparar a Nicaragua, o más bien dicho a la población nicaragüense, con Sísifo, porque éste era un pillo cruel y redomado que muy bien merecido se tenía el castigo que le impusieron. En cambio el pueblo nicaragüense no tiene la culpa de las penas que se ve obligado a sufrir, no por castigo de Dios ni de los dioses mitológicos, sino por los abusos de unos cuantos políticos gobernantes y cogobernantes, con la complicidad de las minorías que los apoyan y los justifican.
El eminente mitólogo inglés Robert Graves cuenta en su obra en dos tomos titulada Los Mitos Griegos, que Sísifo era hijo de Eolo, rey de Corinto, y se casó con Merope, una de las siete hijas de Atlante y Pleyone, por lo cual se les llamaba las Pléyades. Pero Sísifo sedujo a Anticlea, hija de su vecino Autólico, en venganza porque éste le había robado unos bueyes. De esa seducción habría nacido Odiseo, llamado Ulises por los romanos, quien, sin embargo, reconocía como su padre a Laertes porque éste era el esposo de Anticlea.
Sísifo sedujo también a Tiro, hija de su hermano Salmoneo, quien usurpó el trono de Corinto después de la muerte de Eolo. Consultó Sísifo a un oráculo y éste le dijo que si engendraba hijos en una sobrina, éstos lo vengarían del despojo y la ofensa que le hizo Salmoneo. Tiro cedió a las pretensiones sexuales de su tío creyendo que éste la amaba, y le tuvo dos hijos. Pero cuando la muchacha conoció el motivo por el cual había sido seducida por su tío, se enfureció hasta la locura y mató a las dos criaturas. Entonces el malvado Sísifo acusó a su hermano de haber cometido incesto y dijo que era el verdadero padre de las dos criaturas asesinadas. Esta infamia fue creída por el pueblo y los jueces condenaron a Salmoneo a la gravísima perna del destierro.
Ni siquiera el mismo Zeus escapó de las bandidencias de Sísifo. En efecto, cuando Zeus raptó a Egina, hija de Asopo, el dios de los ríos, Sísifo lo denunció causándole gran enojo al dios supremo del Olimpo. Y además Sísifo robaba y mataba a muchos viajeros que pasaban por Corinto y sus alrededores.
Luego, cuando murió por causa natural, engañó a los dioses para no ir al mundo de los muertos y secuestró a Ares, el dios de la guerra, que había sido enviado por Zeus para que sometiera a Sísifo y lo llevara a los infiernos.
Por todo eso fue que Zeus le impuso a Sísifo el castigo de la roca, en alusión a que el rey del Olimpo se había tenido que convertir en una enorme piedra, para escapar de la furia de Asopo, después de que fue denunciado por Sísifo.
Pero el pueblo nicaragüense no merece el castigo que ha pagado y sigue pagando, pues más bien ha luchado hasta el sacrificio por la libertad, la democracia y la prosperidad que merece. Los culpables de su infortunio son los políticos rapaces y crueles que siempre lo han sometido y le roban hasta su derecho y su voluntad electoral.