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Neoliberalismo y política económica
José Luis Medal
El autor es economista
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A nivel latinoamericano algunos argumentan que ha fracasado el denominado “modelo neoliberal”. Se sugiere como alternativa, explícita o implícitamente, un “Socialismo del siglo XXI”. Se argumenta además que la crisis financiera internacional es otro reflejo del “fracaso del neoliberalismo”. En pocas palabras, que el sistema capitalista se está desmoronando y que hay que sustituirlo por otro con justicia social.

En relación a la crisis internacional, esa posición ignora que además de las fallas del mercado hubo fallas del Estado. Las políticas monetarias activas de Alan Greenspan, y el subsidio estatal a las financieras Freddy Mac y Fannie Mae, fueron también causa de la crisis. En Latinoamérica el desempeño económico del período 1990-2007 fue medianamente satisfactorio —no en Nicaragua—, y ello tuvo lugar en el marco de economías mixtas. No se logró un mejor resultado, tanto por fallas del mercado como por fallas del Estado. Más que hablar de alternativas estatizantes, lo que cabe es promover mejores mercados y Estados eficientes.

Después de la gran depresión de los años treinta, los países latinoamericanos siguieron las ideas de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la que priorizaba la integración latinoamericana, el intervencionismo estatal y la industrialización sustitutiva de importaciones con industrias protegidas por elevados aranceles. El gobierno del período de los Somoza no fue neoliberal, fue Cepalino. El Estado era dueño de la empresa eléctrica y de la telefonía. Enabas —el antiguo Incei— intervenía en los mercados agrícolas y existió una fuerte banca estatal de desarrollo. Las políticas del gobierno actual, son —por el momento— una mezcla de las ideas Cepalinas, con las políticas pro mercado o neoliberales que surgieron desde finales de los ochenta. Hay una especie de dèjá vu —o retorno— a las políticas económicas del período de los Somoza. Se prioriza la integración latinoamericana, el retorno a la banca estatal y a un papel relevante para Enabas, todo ello mezclado con políticas neoliberales y con políticas de combate a la pobreza promovidas por los organismos internacionales.

El modelo Cepalino tuvo graves problemas a nivel latinoamericano, por lo que desde finales de los años ochenta se produjo una reacción a las políticas Cepalinas. A nivel macro los países latinoamericanos comenzaron a implementar políticas monetarias y fiscales fondomonetaristas a fin de evitar elevadas tasas de inflación. Se promovió además la libertad de comercio, precios libres determinados por el mercado, liberación financiera con tasas de interés libres, desgravación arancelaria y apertura comercial y privatización de empresas públicas.

Muchas de esas políticas “neoliberales” fueron y son positivas. La única sujeta a críticas valederas es la privatización de monopolios públicos (electricidad y telefonía), que se transformaron en monopolios privados sin existir entes reguladores eficientes. Si como sostiene la retórica, las políticas neoliberales son tan negativas, caben varias interrogantes. ¿Por qué seguir con la política fondomonetarista de no utilizar irresponsablemente la maquinita de imprimir billetes? ¿Para qué seguir con las políticas neoliberales de libertad de precios y la libertad de comercio? ¿Por qué no controlar el comercio como en los años ochenta y establecer controles de precios, como en Venezuela hoy en día o Nicaragua en los años ochenta? ¿Por qué no establecer controles cambiarios como hace Venezuela o como hizo Nicaragua en los años ochenta? ¿Por qué no repudiar la desgravación arancelaria y la liberalización comercial y establecer aranceles proteccionistas elevados, como los que existieron en el período 1950-1990? La respuesta es sencilla. Las políticas neoliberales de libertad de comercio, desgravación arancelaria, libertad de precios, libertad cambiaria, y políticas monetarias y fiscales responsables, son altamente positivas para Nicaragua, y deben de ser preservadas.

La retórica contra el modelo capitalista “neoliberal” es contraproducente y no lleva a ningún lado —más que a afectar la inversión y aumentar el riesgo país—. Nicaragua necesita menos retórica y menos contenido ideológico en la discusión de las políticas o de los modelos económicos. El gobierno debe comenzar por cumplir eficientemente sus obligaciones básicas en relación a salud, educación, infraestructura y seguridad ciudadana, más que promover ataques a la economía de mercado. Desde hace tiempo se ha reconocido el papel fundamental del Estado en esas áreas, papel que hoy por hoy no se cumple de manera eficiente en Nicaragua. En relación al neoliberalismo, en todo caso, lo que cabe es discutir técnicamente políticas concretas. Inclusive hay políticas “neoliberales” del Consenso de Washington, que aún no se han aplicado y deberían de aplicarse en Nicaragua. Entre ellas: la priorización de la educación primaria y técnica o el establecimiento de un sistema tributario con tasas bajas y base amplia. Lo que necesitamos es menos retórica, mejores mercados y un Estado eficiente en el marco de un sistema democrático.

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