La actual crisis socioeconómica mundial es superior a la de finales de la segunda década del siglo pasado, debido al acelerado desarrollo de entonces al presente. Pero como las del pasado, en el transcurso del tiempo materialmente se solucionarán. La peor crisis sí, extremadamente grave, es la falta de Dios en los ambientes suscitada por el ateísmo materialista. Que creen que los adelantos científicos y bienes bien o mal habidos les bastan, lo que corroe la existencia de todos.
Cuando se ha recibido la gracia de la fe cristiana se tiene absoluta conciencia que lo único perdurable es el alma, la que sólo tiene trascendencia a una vida mejor si antes que ella se extinga, se ha tratado de seguir a Jesús, Redentor nuestro, viviendo en lo posible su doctrina de amor. En otro caso, sería alcanzar la salvación si en el último instante de una u otra forma se tiene la posibilidad de lograrlo, como la tuvo Dimas en el Gólgota.
Aunque Dios es infinitamente misericordioso, al que habiéndole conocido y haber sido bautizado como cristiano, consciente de sus faltas actúa con felonía esperando por viveza mal entendida ser perdonado en la hora postrera, después de vivir a expensas de sus maléficos instintos. Quizá en un final repentino no tenga la oportunidad de lograrlo, teniendo que perderse en los tétricos recovecos de Satán, pagando sus fraudes y fechorías por toda la eternidad.
El amor de Dios de distintas maneras a todos se nos manifiesta, pero con frecuencia nos llegan malsanas tentaciones, y si uno se ha apartado de él, con facilidad puede caer en la atracción de las engañosas luces fatuas de placeres fugaces o el fulgente y tentador brillo de las riquezas y sobre todo del poder, sin Dios es fácil caer. Cuando ello se alcanza, es preciso tener muy buen juicio, para no sumirse en delirios enfermizos, ya que si no se controla, está propenso a cometer dañinas y peligrosas locuras pretendiendo alcanzar todo lo que puede y mucho más.
De manera específica en la actualidad en nuestro país tradicionalmente católico y mariano, con fines politiqueros por tal causa se ha irrespetado al Señor de diferentes maneras. Desde algún tiempo se ha visto en las rotondas de la capital, a pobres mercenarios rezadores, aprovechándose de la miseria en que viven, combatiendo dicen, el odio por el amor, y en su fogoso desvarío han causado lesiones a ciudadanos indefensos, se dice que obedeciendo consignas patronales.
Tales mercenarios aunque en vez de rezadores son vapuleadores, quizá son tolerables, ya que ellos se hacen el mayor daño. Pero hay otros también mercenarios, que coludidos en los poderes del Estado, con ínfulas de grandeza e influencia maléfica están tratando de trastornar los principios de la incipiente democracia, como se ha visto en las recientes elecciones municipales, adulterando resultados de los mismos con descarado fraude a la voluntad popular.
Que Dios nos dé el coraje necesario para cívicamente hacer prevalecer nuestros derechos Y en lo general poder vencer la crisis de la falta de Dios en los ambientes. De manera especial debemos decidirnos a ser testigos suyos. Si actuamos siempre con honestidad y justicia, con su ayuda lo lograremos.