Según el tema que trato cada lunes, puede variar la cantidad de personas que me envían sus comentarios vía correo electrónico, y que en algunos casos las mismas casualmente se ven reflejadas en el hecho que describo. Haciendo un cálculo somero, de cada 10 personas, dos presentan problemas de violencia intrafamiliar. De ello hablaremos el día de hoy.
¿Qué entendemos por violencia intrafamiliar? Parto del concepto de violento (a): 1. Que está fuera de su natural estado, situación o modo. || 2. Que obra con ímpetu y fuerza. || 3. Que se ejecuta contra el modo regular o fuera de razón y justicia.
Visto esto, pasemos al concepto inicial: La violencia intrafamiliar es la que tiene lugar dentro de la familia, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio, siendo considerado a su vez como un modelo de conductas aprendidas y coercitivas que involucran abuso físico o la amenaza de abuso físico. También puede incluir abuso psicológico repetido, ataque sexual, aislamiento social progresivo, castigo, intimidación y/o coerción económica.
La persona abusada que usa frases como: “Es que yo lo quiero tanto”, “Yo no me separo porque lo quiero”, “Lo hago por el bien de mis hijos”, “¿Cómo voy a dejar a mis hijos sin un padre?”, “Económicamente dependo de él”; se vuelve codependiente, es decir, depende de su agresor.
Por supuesto, que todo lo antes descrito no tiene justificación alguna. Para colmo, hay familias que lo aceptan.
Si una mujer madre es golpeada y abusada, su autoestima queda por los suelos hasta hacerla creer que merece insultos y golpes, su capacidad de decisión queda prácticamente anulada, se destruye psicológicamente, se incapacita para tomar decisiones correctas. Sencillamente, pierde su identidad individual, es decir, no es nadie.
Asociado a todo lo anterior, cuando se indaga sobre el nivel de escolaridad o de educación de las personas agredidas, se encuentra que suele ser muy bajo. Y que si bien pudiera existir una cierta diferencia en el caso de los hombres, con relación a la escolaridad, por supuesto que caer en la agresión, prevaleciendo el ser “muy macho”, es inadmisible. ¿Acaso “el machismo que se arrastra culturalmente es un machismo que raya en lo genético”? Ésta es una frase absurda, catalogada así, por lo que conlleva: la violencia genera violencia.
Nuestra sociedad actual fomenta constantemente el uso de la fuerza para resolver los problemas, carece de lo razonable y del entendimiento a través de la comunicación. ¿Ejemplo? En la televisión, la violencia es glorificada cuando presentan mujeres con los rostros inflamados y ojos amoratados, productos de la golpiza, y cuentan “su historia” amenazando que en esta ocasión sí acusarán a sus cónyuges ¿o verdugos?
¿Qué pasa con el agresor ante esa amenaza? “Te mato si vas a la Policía”. Y entonces una vez más se cerrará el círculo. La acusación no se llevará a cabo, el “macho” utilizará el uso de la fuerza física una vez más para mantener el poder y el control sobre la mujer, porque ha aprendido que la violencia es efectiva para obtener ese control.
No podemos olvidar que el amor implica confianza, protección, respeto a los gustos del otro, comunicación, caricias, lo que ayuda al crecimiento emocional y espiritual.
Consiste en compartir la vida con alegría, dialogar sobre las diferencias y preferencias y respetar la integridad física, moral y espiritual de la persona amada.