El gran golpe, o el gran fraude, la mentira tiene muchos nombres mayúsculos. No hay duda de que el partido Frente Sandinista se porta mejor en la oposición que en el gobierno, pues cuando estaba en la oposición, mal que bien, se había convertido en un “vigilante” de la Constitución Política, pero cuando hace gobierno su manejo de la cosa pública resulta una repetición de sus errores, en obsesión de mesianismo y cultura de la violencia.
El partido FSLN, con sus principales cuadros políticos e ideológicos separados ahora del partido, que no puede llamarse sandinista sino orteguista, como sus intelectuales y ex miembros han expresado en diversos foros, comprueba lo dicho. Las pruebas son evidentes, pues tuvimos once años de un gobierno que fue de una calamidad tras otra, pero también heredó una deuda al gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, de nada menos trece mil millones de dólares (multiplíquese 19 veces).
Solamente Dios sabe cómo hizo doña Violeta para rebajar sustancialmente esa deuda, que es relatada en el libro La difícil transición nicaragüense, escrito por el ingeniero Antonio Lacayo, su yerno y Ministro de la Presidencia en esos año. Ese gobierno formó la Comisión Nacional de Revisión de Confiscaciones, que tuvo que pagar miles de millones de córdobas del pueblo por todas las confiscaciones, muchas de ellas injustas, que se realizaron en los años ochenta, y en el saqueo del Estado cuando el sandinismo entregó el poder. El Diario LA PRENSA comenzó a publicar los nombres de los que se habían quedado con bienes y propiedades, pero alegaron que no se siguiera publicando en aras de la reconciliación que predicaba doña Violeta, siendo favorecidos los nuevos capitalistas que surgieron de esa época. La deuda de los Cenis de los bancos quebrados se quedan pálidos a la par de aquello, y no se está justificando esta deuda, cuyos responsables deben responder y tener el derecho de defenderse.
Miremos un ejemplo: el uso y abuso de las instituciones y recursos del Estado para hacer propaganda política en los ministerios y entes autónomos, desplegando banderas de su partido. La oposición sandinista no le hubiese tolerado a don Enrique Bolaños colocar consignas y su foto en planteles estatales y carreteras, habrían pegado el grito en el cielo denunciándolo, pero ahora es bueno para ellos.
Y no sólo eso hicieron, sino que realizaron el mayor fraude al pueblo nicaragüense, cuando en las elecciones municipales del 9 de noviembre anularon miles de votos democráticos y cambiaron votos que favorecían a la Alianza PLC-Vamos con Eduardo, otorgándoselos a los candidatos rojinegros, en forma tal que LA PRENSA lo calificó como “Burdo y vergonzoso”. Por eso no quisieron la observación nacional e internacional, para contar los votos ellos (FSLN) solos, como denunció otro diario local, sin dejar de mencionar el silencio cómplice de los magistrados liberales en el CSE.
Existe una permanente violación a los derechos fundamentales que los gobiernos anteriores no hicieron porque la democracia no lo permite, pero donde no hay frenos ni contrafrenos del poder, ya no hay democracia.
Solamente porque el liberalismo se dividió es que el frentismo regresó al poder. Estaban condenados por sus antecedentes a ser oposición eterna, sobreviviendo en el orden constitucional, al que guardaban maliciosamente algún respeto, mientras preparaban la trampa en la Ley Electoral. Pero ahora en el poder están dispuestos a cambiar todas las reglas democráticas, que de no estar alertas para defenderlas, no sólo burlarán las elecciones de alcaldías, sino que el pueblo va a sufrir un continuismo dictatorial de consecuencias funestas impredecibles.