En medio del estruendo de los morteros y los golpes destructores de las piedras con que las turbas orteguistas sitiaban Managua, un productor del norte del país atinó a preguntar: “¿Dónde está Venezuela comprándonos ese 50 por ciento de carne que no estamos vendiendo?”.
Mientras el gobernante Frente Sandinista (FSLN) movilizaba a “las masas” para imponer el miedo en Nicaragua y garantizar el triunfo de sus candidatos en unas elecciones municipales dudosas, los empresarios del país hacían cuentas sobre las pérdidas económicas.
Antes de los disturbios, los ganaderos nicaragüenses ya sentían los efectos de la crisis económica de Estados Unidos, porque las exportaciones de carne a ese mercado, el principal para ellos, bajan por la reducción de la demanda.
Sin embargo, el presidente Daniel Ortega, más preocupado por afianzar su dictadura, desatiende la economía del país y concentra esfuerzos en arrebatar espacios políticos a los opositores; y cuando éstos le presentaron las pruebas de un fraude electoral, respondió enviando turbas a la calle para cerrarles la boca a garrotazos.
En un país donde ya da miedo circular por las calles, porque la delincuencia adquiere protección oficial, agrede y destruye sin que la Policía le haga nada, es difícil que la empresa privada y la inversión extranjera crezcan.
La economía de Nicaragua está hoy entre dos espadas: la recesión internacional que comprime la demanda y la inseguridad impuesta por Ortega, que desacelera las actividades económicas internas.
Si preguntáramos a Ortega qué hará para mejorar la economía del país, seguro repetiría su fórmula mágica: los programas de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), o sea, la ayuda del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Por eso, el productor preguntó qué ha pasado con las ventas de granos y carne nicaragüenses a Venezuela, un plan presentado por Chávez hace meses en Managua, cuando también prometió financiar al sector agropecuario de Nicaragua.
Algunos ganaderos supusieron que si Venezuela es la nueva vía económica de Nicaragua, el régimen de Chávez debió comprar de inmediato la carne que empresas de Estados Unidos estaban dejando de adquirir, porque en Caracas hay escasez en los supermercados.
Según datos del Banco Central, las exportaciones de Nicaragua a Venezuela apenas sumaron 10.9 millones de dólares en los primeros siete meses del 2008. Mientras, las ventas al mercado de Estados Unidos representaron 1,100 millones de dólares.
El mercado de Venezuela es insignificante para los productos nicaragüenses y lo más probable es que se reduzca, porque la crisis económica en la nación venezolana aumenta día tras día.
Chávez, quien creyó que al autoproclamarse socialista y atacar a los empresarios resolvería la pobreza, ha llevado a Venezuela a un desangramiento financiero. Por ejemplo, al cerrar el tercer trimestre de este año, el capital que se fugó de Venezuela superó en 572 millones de dólares a la cantidad que ingresó como inversión.
Aún así, Daniel Ortega parece desesperado por alcanzar las marcas económicas de su amigo Hugo Chávez. Por ese camino va, arrastrando a Nicaragua.