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De continuar con el pacto, el PLC dejará de ser opción
Mauricio Mendieta Herdocia
El autor es médico
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Los resultados electorales oficiales dados a conocer por el Consejo Supremo Electoral, no fue ninguna sorpresa para aquéllos que de diferentes maneras habíamos expresado, que el orteguismo necesitaba aparecer al final de la contienda electoral municipal, con cien o más alcaldías “ganadas”.

Algunas de ellas obtenidas a las buenas y otras al robo, para demostrar aunque ficticiamente, que su fortaleza política para sus pretensiones continuistas y de perpetuidad en el poder, correspondía a más del 37.9 por ciento logrado en las elecciones generales del 2006, e impulsar, tanto las reformas constitucionales que ya tenían probablemente preparadas y acordadas de antemano con su socio pactista, así como el desarrollo de su proyecto estratégico del socialismo del siglo 21 y del poder ciudadano.

Creo firmemente que en la voluntad popular expresada en las urnas electorales, radica la verdadera autodeterminación de los pueblos. Este premeditado, ventajoso y alevoso golpe a la voluntad popular, y por ende a la democracia, ya de por sí maltrecha, fue cuidadosamente planificado, pero burda y torpemente ejecutado.

El fraude electoral cometido, evidentemente no es el primero. En las elecciones municipales del 2004 el pacto Alemán Ortega, por medio de su verdugo electoral despojó fraudulentamente al Apre de 3 Alcaldías, Santo Tomás, Cuapa y Granada, siendo esta última la más emblemática. Hoy nuevamente el pueblo nicaragüense ha sufrido la aberración mas infame de un sistema político, como es el conteo fraudulento en una participación electoral.

En las recientes elecciones generales del 2006, nuevamente los mismos actores pactistas se pusieron de acuerdo y se robaron el 8 por ciento, porcentaje que hasta el día de hoy no lo han dado a conocer.

Posterior a esa elección han surgido varias interrogantes: ¿por qué suspendieron el conteo en el 92 por ciento?, ¿quién o quiénes, y a cambio de qué negociaron y le concedieron el triunfo a Ortega?, ¿qué porcentaje de ese 8 por ciento correspondía a cada uno de los candidatos?, ¿existió la posibilidad de una segunda vuelta?, de existir segunda vuelta ¿quienes serían los dos candidatos a competir? Los candidatos presidenciales liberales, y otros personeros políticos que conocieron de las iniciativas y acciones que condujeron a ese fraude, tienen por responsabilidad histórica, la obligación de brindarle la explicación pertinente y cierta a nuestra población de lo sucedido.

Al cancelar el pacto las personerías jurídicas al PC y al MRS, estas elecciones se convirtieron en ilegítimas, y a partir de esa arbitraria y perversa acción antidemocrática se inició todo el proceso de este fraude electoral, al violentar el pluralismo político y la libertad de escogencia; que son principios elementales y fundamentales de la democracia.

Lo sucedido en esta oportunidad podría ser el inicio del fin del pacto. Pacto que paulatinamente se ha ido convirtiendo en un monstruo de una sola cabeza, que se nutrió y se forjó gracias a la complacencia, colaboración y entreguismo del otro socio pactista, que le han hecho un inmenso daño a la población, al país y a la democracia.

La continuidad del pacto, sólo augura el aniquilamiento del liberalismo representado por el PLC arnoldista. La lucha estará ahora en la Asamblea Nacional, por lo tanto; el reto y el desafío, así como la gran oportunidad de reivindicarse la tienen ahora los diputados liberales, quienes tendrán que demostrar a la población que abandonaron el pacto por el patriotismo, y abrazaron con vigor la causa de la libertad y la democracia, por la que tantos buenos y ejemplares conciudadanos se han sacrificado, y otros han sufrido cárcel, exilio y muerte.

Los señores diputados deben oponerse con gran firmeza a las reformas constitucionales, que pretenden realizar aquellos interesados en una permanencia indefinida en el poder, por medio de un sistema disfrazado de parlamentarismo, con el propósito de consolidar el pacto a través de un bipartidismo bajo un falso ropaje democrático.

Ahora más que nunca debemos pensar en una Coalición Democrática Unida, con sentido verdaderamente estratégico, donde estén representados todos los partidos políticos, las organizaciones sindicales de tendencia democrática, organizaciones de la sociedad civil y los mejores hombres y mujeres del país.

A partir de 1990, todos los nicaragüenses amantes de la democracia y apasionados por la libertad, cambiamos el fusil y la violencia por el voto como instrumento de cambio, y por ello tenemos un compromiso con el futuro. Debemos rescatar la democracia y la libertad en su sentido y concepto más amplio, y fundar la República que muchos hemos anhelado, y por la que luchó y finalmente murió sin lograr verla, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

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