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Managua
01:04 pm
23.11.08
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Noticias >> Domingo
(LA PRENSA/Oscar Navarrete)
Desde ciudad de Dos
Crónica Urbana
Octavio Enríquez
Periodista
domingo@laprensa.com.ni
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Se siente miedo. Mi-e-do. En la tele, el chavalo sigue la gallina y el chavalo vende droga. El chavalo quiere la violencia y el chavalo dispara. Un negrito flaco, pelo hirsuto, descalzo y dientón, se mueve en Ciudad de Dios, la salvaje comunidad donde los héroes se parecen más a Robin Hood y los villanos son los más crueles. En estas chabolas de Brasil no hay espacio para ser libres.

Desde la Managua violenta de los últimos días también se siente miedo. Mi-e-do. Muchos se preguntaron temprano si valía la pena correr el riesgo y asistir a una marcha contra el Gobierno.

El miedo se le ve en los ojos a la gente cuando a lo lejos ven un grupo de muchachos con pasamontañas, alzando palos, armas de fuego y piedras que se ven desde el hotel y que buscan aplacar la protesta de este martes 18 de noviembre de 2008. Aquí habrá sangre, me advirtió un pariente horas antes. Cuatro llamadas al celular mientras los oficiales antidisturbios intentaban replegar a los sandinistas.

Los hombres con palos y armas han cercado la marcha de la oposición contra el gobierno de Daniel Ortega frente a un hotel en el centro de la ciudad, la segunda protesta en los últimos días desde que se denunció un fraude electoral. La protesta estaba prevista a las dos de la tarde, pero las mismas huestes impidieron la llegada de miles. Nadie pudo pasar, los aliados del mandatario aparcaron los buses en medio de las calles en un cordón que rodeó a los manifestantes.

En las camisetas se lee “paz y reconciliación” y los amorosos encapuchados requisan los carros y hacen eterna la circulación por las calles donde todavía los carros se pueden mover. Nadie puede cruzar el límite. Menos los periodistas. La ley en la calle la imponen estos jóvenes, que han quemado carros de medios, que han herido a reporteros y que te saludan como amigos de toda una vida, haciendo el signo otra vez de “dos”, el número de la casilla electoral del Frente Sandinista o las iniciales de su líder, Daniel Ortega Saavedra, después de bajarte del carro y preguntarte de qué medio de comunicación sos. Ésta es su ciudad y ésta una crónica desde la ciudad de Dos.

Dora María Téllez, joven y valiente en la memoria colectiva que luchó contra Somoza, inicia los discursos de la oposición. Critica el gobierno de su antiguo compañero de armas. Dice que la gente no tiene miedo y protestará, pero qué va.

La gente atiende a medias lo que dicen, incluyendo el discurso de Eduardo Montealegre Rivas, banquero de profesión, el candidato que se denuncia víctima de un fraude para despojarlo de la Alcaldía de Managua. La gente lo escucha, pero no lo oye. La atención se centra en los otros. En los sandinistas que amenazantes lanzan morteros y que no pasan de los 200 metros a la redonda porque la Policía lo impide.

“Ahí vienen, ahí vienen”, dice una pelirroja vestida de camiseta blanca. Al diablo los discursos. En los ojos de ella se ve miedo. No debe ser fácil sentir que uno va a morir, dice un cronista polaco.

Al mismo tiempo, frente a las instalaciones del Consejo Supremo Electoral, en Metrocentro, otra multitud de sandinistas exige que el tribunal los declare ganadores en más de 100 alcaldías, de 146 que estuvieron en juego en las cuestionadas elecciones del 9 de noviembre.

Los que se regresan a pie este 18 de noviembre temen lo peor. En la tele transmiten el caso de periodistas heridos por los amororos simpatizantes del Frente Sandinista.

En los repartos adjuntos al hotel, muchos buscan refugio en casa de desconocidos. A una cuadra exactamente, un grupo de héroes en 1974 se tomaron la casa del ministro somocista José María Castillo. No querían, dijeron, que un hombre controlara todo el destino de un país, de una Nicaragua que ellos llamaban libre y soberana. Uno de esos jóvenes, el general de brigada Hugo Torres Jiménez, encabeza la marcha contra uno de los viejos guerrilleros que ayudó con su gesta a liberar: Daniel Ortega Saavedra, Presidente de la República y líder de estos jóvenes con capucha.

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