El Consejo Supremo Electoral oficializó el fraude. Luego del viernes pasado en que se dieron a conocer los resultados finales de las elecciones municipales, la estrategia de la oposición por ilegitimar los comicios será a través de una ley de nulidad que ya comienza a popularizarse entre los legisladores, pero que sobre todo pondrá a prueba la consistencia del discurso de los liberales.
Para el coordinador del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), Edmundo Jarquín, la situación post electoral que vive el país es muy peligrosa. Pero no sólo por la violencia que ha demostrado en las calles los “puntos de vista” de los bandos políticos, sino por lo que podría resultar tras el rechazo de la comunidad donante, las consecuencias económicas, el poder brindado a los grupos de pandillas que se han tomado las calles y que podrían llegar a ser como las maras de Honduras y El Salvador.
Desde su oficina con olor a café “ciento por ciento nica”, según Jarquín, lo peor de todo esto es que “el país podría estar peor”. Aunque Daniel Ortega quiera deshacerse del candidato por la Alcaldía de Managua, Eduardo Montealegre, los liberales demostrarán con sus actos si realmente cumplirán sus promesas políticas o si una vez más se subordinarán ante Arnoldo Alemán, aceptando una negociación de las reformas constitucionales que prolongarían el poder del presidente Daniel Ortega.
“Hay un cambio de época”, dice Jarquín, quien se muestra optimista tras el apoyo anunciado por la Conferencia Episcopal. En cambio, “si no hay una revisión a fondo de los resultados, éste es un país que se queda sin futuro electoral y eso va conducir a mayor conflicto”.
::: ¿Se puede confiar en el discurso de los liberales, tomando en cuenta que siempre terminan negociando con el Frente Sandinista?
No es un tema de confianza o desconfianza. Es un tema de que si hay o no condiciones para ir en este momento, en medio de toda la indignación que hay en medio del liberalismo y la comunidad nicaragüense. No hay condiciones para llevar adelante las reformas constitucionales. El dirigente que intente negociar con Ortega en estas circunstancias se hunde para siempre.
::: ¿Qué papel jugaría Arnoldo Alemán tomando en cuenta el dominio que tiene él dentro de su partido, el PLC?
Es que Arnoldo Alemán tiene control del partido, pleno, en la medida de que responda a lo que han manifestado los votantes o lo que piensa la inmensa mayoría de la estructura liberal a nivel nacional. Hay que recordar que la convención del liberalismo del 11 de julio de 2007, tomó una decisión clarísima de que no habría reformas constitucionales. Esa decisión se ve ahora fortalecida por la gran unidad anti-Ortega que se gestó en estas elecciones y por la indignación que hay por el intento de fraude. Entonces yo apostaría también a que independientemente de lo que se quiera, no hay condiciones.
::: ¿Habrá una salida política o una salida legal que legitime la situación electoral?
No son alternativas. No se trata de escoger, se trata de que iniciativas legales, como la que está tomando la Asamblea Nacional para sacar una ley que derogue las municipales, puede contribuir a que haya una salida política, como también el hecho de que las posiciones que han adoptado diferentes actores relevantes de la comunidad nacional e internacional, apuntan a encontrar una salida política que tiene que ser en torno a ir a las fuentes primarias de información electoral que son las actas.
::: ¿Qué va pasar en los próximos días?
Aquí vamos a ver dos tendencias: la de Ortega y el Consejo Supremo Electoral, tratando de establecer sus resultados electorales como un hecho consumado, tendencia que se ve favorecida por el calendario de festividades de la Purísima y Navidad. Y por el otro lado, la tendencia impulsada por los principales actores nacionales y la cooperación internacional de no aceptar el fraude.
En todo caso, aquí hay un cambio dramático. En primer lugar el eje de la polarización política en Nicaragua, que durante 30 años fue sandinismo y antisandinismo, ahora ha pasado a ser entre orteguismo y antiorteguismo como simbolización personal de la polarización entre dictadura y democracia. Éste es un fin de época, es un cambio radical en la vida política del país.
En segundo lugar, la complacencia de la comunidad internacional con el gobierno de Ortega se ha acabado. En tercer lugar, se ha creado un gran consenso nacional que no existía hace dos o tres meses en contra del intento de imponer por la vía de hecho un régimen autoritario y de este consenso donde sólo estábamos ante algunos actores políticos, ahora forma parte la Conferencia Episcopal, las organizaciones de la sociedad civil, las organizaciones gremiales del sector privado, es decir, aquí hay un cambio notable.
En cuarto lugar, es muy preocupante y peligroso que en su intento de acallar las protestas, Ortega está recurriendo a las pandillas. No son sandinistas los que se enmascaran, son pandilleros. Y les está dando a las pandillas un control político que va a dificultar seriamente el control de las pandillas.
::: ¿Cuál es el impacto general que todo eso podría generar?
Todo esto combinado apunta a que el fracaso estratégico del gobierno de Ortega sea mayor, en términos de la incapacidad de enfrentar y atender las cosas que más le preocupan a la población, que son el empleo, el salario, la pobreza. Vamos a un mayor nivel de deterioro en las condiciones de vida de la población y a un mayor nivel de conflictividad social.
::: ¿Cuánto tiempo cree que podría soportar la sociedad y el mismo Gobierno que tiene el poder actualmente?
Esto me recuerda una reflexión de Mario Vargas Llosa. Lamentablemente los países siempre pueden estar peor. Si vos te enfermás y no te cuidás, morís; pero los países no mueren y lamentablemente siempre se puede estar peor como país. De tal manera, que va llegar un momento en que aquí va haber una concurrencia de factores económicos, sociales y políticos que van a desembocar en una corrección de rumbo de país. A mí me parece que los dos elementos más importantes que deben ser enfrentados son, uno, recuperar la confianza en las elecciones como el instrumento fundamental para resolver diferencias en una sociedad; y en segundo lugar recuperar el monopolio de las calles para las fuerzas del orden.
::: ¿Qué ha ganado Daniel Ortega hasta ahora?
Desde mi racionalidad sólo ha logrado fidelizar y fanatizar su base política orteguista en base al odio, ha logrado licuar al Frente Sandinista. El Frente Sandinista como tal ya no existe más, lo que existe es el orteguismo. Sin embargo, él tiene un mayor poder político dentro de lo que fue Frente Sandinista, pero tiene menos poder en la sociedad.
::: ¿Desde el punto de vista de la sociedad, qué se ha perdido?
Mirá, nosotros salimos de la dictadura, de la revolución y de la guerra civil son tres grandes progresos: libertad de expresión plena, un sistema electoral confiable, en Nicaragua nunca había habido elecciones libres. Es decir, aquí tenían que venir los marines para que hubiera elecciones. Y en tercer lugar, salimos con una desprivatización del poder coercitivo.
Hasta antes de este gran desarrollo de la Policía Nacional y el Ejército de Nicaragua, el monopolio de las armas era privado, de una persona o de un partido. Y en dos años Ortega ha puesto marcha atrás a esos grandes progresos históricos. El sistema electoral está colapsado, ¿quién va volver a votar con confianza con este sistema electoral, estos magistrados? Vemos cómo está siendo despojada de sus facultades la Policía, grupos paramilitares se reservan el derecho de interrumpir, requisar, decidir quién puede circular y quién no. Y las restricciones que están enfrentando los medios.
::: ¿Qué más podría pasar?
Bueno, si aquí no hay una corrección de fondo, yo creo que vamos a ir a mayores niveles de conflictividad social. Ortega no va poder imponer la estabilidad del terror y del miedo. Estamos enfrentando una situación de terrorismo de Estado y violencia de pandillas y grupos paramilitares.
::: Se dice que la historia es una espiral, sin embargo, la historia de Nicaragua parece nada más un círculo, no avanza. ¿Cuánto se podría cambiar, qué diferencia habrá en Nicaragua después de esto?
Es triste. Nicaragua no puede imaginarse el futuro sin el sandinismo, pero no significa que tengamos que aceptar como sociedad la versión orteguista del sandinismo. Yo veo que hay varios avances en medio de la crisis. El eje de la polarización que prevaleció durante 30 años, que era muy primitivo, entre sandinismo y antisandinismo, ahora la polarización se desplazó al eje orteguismo y antiorteguismo como una simbolización de una contradicción más moderna que es entre dictadura y democracia. Y yo te aseguro que una gran cantidad de sandinistas, pasivos, están acompañando la indignación que nosotros sentimos.
::: Hablemos de sacrificios. ¿Qué está sacrificando el Gobierno para mantener el poder?
En primer lugar la cooperación internacional. En segundo lugar, el Gobierno ha creado un gran consenso nacional antigobierno, que incluye sectores que antes lo miraban con complacencia, y el Gobierno está sacrificando cualquier posibilidad de ser mayoría política, que no lo ha sido nunca, sólo está fidelizando una base político-orteguista. Otra manera de ver el fracaso de Ortega es ver que habiendo empezado con las mejores condiciones que cualquier otro gobierno en los últimos 30 años, hoy nos tienen tan profundamente divididos como en los años ochenta. El único alivio es que ya no hay guerra fría y que ya no hay gente que venga a armar estos grupos.
Ahora bien, en este uso del terror de Ortega hay un falso y es creer que hay nicaragüenses más valientes que otros. Ahorita sentimos este intento de imponer el terror orteguista a partir de imponer que ellos son más valientes. Pero en Nicaragua no hay nadie ni más valiente ni más cobarde que otro. Es cuestión de momento.
::: El Gobierno podría desviar la atención en el tema electoral al hablar de injerencia.
Eso es parte de las pérdidas de Daniel Ortega. Pretender que éste es un país agredido, ¡tampoco es creíble! En medio de este intento de Ortega, yo lo veo fracasando. Quién va creer que aquí hay injerencismo. Lo que se repite que los que andamos en las calles somos oligarcas... éste debería ser un país lleno de oligarcas y de ricos, cuando la verdad dura es que hay más pobretería en el antisandinismo. En el sandinismo hay empresarios, profesionales, universitarios y gente pobre, pero si fuese cierto que los pobres están con Ortega, tendría el respaldo del 70 por ciento de la población de este país. La capacidad de Ortega de alcanzar más allá de su base, es nula.
::: ¿Le sorprenden todas esas medidas tomadas por el Gobierno?
A mí lo que me ha sorprendido son las fallas de cálculo del Gobierno. Yo no veo aquí un Gobierno dando manifestaciones de entender lo que está pasando en el país. Ellos apostaron que al quitarnos la personería jurídica íbamos a quedarnos fuera del proceso electoral y a llamar a la abstención, y se equivocaron. Apostaron a que podían ir cerrando los espacios políticos democráticos sin que surgiera un sentimiento antidictadura.
::: Bueno, pero en todo esto también tiene culpa el PLC que ha sido el aliado del Frente Sandinista.
Claro, ahí está otra falla de cálculo. Creyeron que Arnoldo Alemán podría ser la fuerza política que le permitiría llevar adelante las reformas constitucionales. ¡Hay una indignación liberal tremenda! Creyeron que después de las elecciones municipales vendrían las reformas constitucionales, pero no hay condiciones.
::: ¿Y qué más podría pasar en los próximos días?
Ellos están apostando a que el calendario de festividades enfríe las cosas. Nosotros estamos apostando a que vamos a lograr mantener un alto nivel de atención sobre el intento de fraude. Vamos a tener más movilización, más móviles y más vivas, sorpresivas.