Estados Unidos afirmó ayer que la solución al conflicto electoral en Nicaragua “no es tratar de alentar a fuerzas pro gubernamentales a oprimir a la disidencia”, sino analizar “seriamente” cómo resolver las denuncias de irregularidades.
El portavoz del Departamento de Estado, Sean McCormack, calificó de “evolución negativa” las protestas callejeras violentas que han tenido lugar en los últimos días en Nicaragua, y reiteró que hay una “verdadera preocupación” sobre la legitimidad del voto.
En su rueda de prensa diaria, McCormack recalcó que la solución al conflicto “no es unir a las fuerzas pro gubernamentales para oprimir a la disidencia pacífica, a personas que únicamente arrojan preguntas legítimas sobre el proceso y el recuento en las actividades postelectorales”.
REPRIMIR NO ES SOLUCIÓN
“La respuesta es analizar seriamente lo que se puede hacer para resolver esas legítimas preocupaciones y si eso implica un recuento con observadores internacionales o no, este tipo de asuntos”, dijo.
Para EE.UU., “ése es el camino adecuado y no tratar de alentar a fuerzas no gubernamentales simpatizantes del Gobierno para intentar oprimir la disidencia pacífica”, concluyó.
McCormack se refirió a los sandinistas que movilizaron a miles de sus seguidores que se tomaron Managua armados con palos, piedras, machetes y morteros artesanales.
El aspirante liberal a la Alcaldía de Managua, el diputado Eduardo Montealegre, tuvo que escapar de ser linchado.
Nicaragua vive una grave situación de violencia después de las elecciones regionales del pasado 9 de noviembre, cuyos resultados son rechazados por la oposición, que los califica de “fraude”.
QUEBRANTAN LA DEMOCRACIA
Un grupo latinoamericano pro defensa de la democracia solicitó ayer a la OEA que convoque a la Asamblea General a un período extraordinario de sesiones para analizar la presunta ruptura del orden democrático en Nicaragua tras las elecciones municipales del 9 de noviembre.
El John Adams Center for the Advancement of Democracy, con sede en Miami, en un comunicado dirigido a la Organización de Estados Americanos (OEA) afirmó que los comicios supuestamente fueron manipulados para alterar la voluntad popular de los nicaragüenses.