Los intrépidos piratas somalíes están construyendo fastuosas viviendas de piedra, paseándose en autos de lujo, casándose con mujeres hermosas, y hasta contratando proveedores de comida para que cocinen platos occidentales para sus rehenes.
Y en un país empobrecido, donde todas las instituciones públicas se han derrumbado, son considerados verdaderos héroes en los poblados costeros donde se mueven porque son los únicos que gastan dinero y mueven la economía.
“Los piratas dependen de nosotros y nosotros nos beneficiamos con ellos”, declaró Sahra Sheik Dahir, propietaria de un negocio en Haradhere, la localidad más cercana al sitio donde ancló el supertanquero de Arabia Saudita secuestrado con 100 millones de dólares en petróleo en sus depósitos.
Estas ciudades que prosperan rápidamente son particularmente llamativas en un país caracterizado por la pobreza y la violencia como Somalia. Islámicos radicales controlan la mayor parte del sur del país, donde azotan y apedrean a las personas acusadas de cometer delitos. Desde hace casi 20 años no hay un gobierno central y reina el caos.
La expectativa de vida es de apenas 46 años y una cuarta parte de los niños muere antes de cumplir cinco años.
Pero en ciudades costeras del norte como Haradhere, Eyl y Bossaso florece una economía alimentada por los piratas, que el año pasado recaudaron 30 millones de dólares en rescates.
En Haradhere, los residentes festejaron en grande la llegada del petrolero secuestrado esta semana. Los comerciantes comenzaron a procurarse abundantes cantidades de cigarrillos, alimentos y gaseosas de naranja frías, e instalaron pequeños negocios en la playa en los que los piratas pueden abastecerse de todo lo que necesitan.
Dahir dijo que confía tanto en los piratas, que les permite comprar cosas y pagar más adelante.
“Siempre se llevan cosas sin pagar y nosotros lo anotamos en un libro. Cuando reciben el dinero del rescate, vienen y nos pagan con creces”, declaró Dahir a la AP en una entrevista telefónica.
Para los somalíes, el simple hecho de que generen fuentes de trabajo basta para que se hagan querer. Los secuestros duran a veces meses, en los que los aldeanos viven de los piratas y se aseguran de que no les falte nada. Les garantizan incluso buenas cantidades de qat, una popular hoja con propiedades narcóticas, y los apoyan desde tierra cuando la comunidad internacional trata de detenerlos.
“Al margen del origen del dinero, sea ilegal o no, lo que puedo decir es que la han dado nueva vida a nuestro pueblo”, comentó Shamso Moalim, una mujer de 36 años, con cinco hijos, en Haradhere.
“Nuestros niños no tienen que preocuparse por la comida. Van a escuelas islámicas por la mañana y juegan al futbol por la tarde. Están contentos”, agregó.