Agitadores orteguistas impusieron el terror en Managua ayer. Armados con piedras, palos de golf, garrotes, tubos, morteros, cuchillos, machetes y hasta tiradoras a las que en vez de piedras les ponían tuercas, los simpatizantes del Frente Sandinista (FSLN) y sus turbas se tomaron las calles de la capital para impedir una marcha de la oposición que protesta contra los fraudulentos resultados electorales del domingo 9 de noviembre.
Desde la 1:00 p.m. decenas de simpatizantes del candidato liberal a la Alcaldía de Managua, Eduardo Montealegre, se reunían en los semáforos del supermercado La Unión, en el kilómetro cuatro y medio de la Carretera a Masaya, para iniciar su marcha convocada para las 2:00 p.m.
Pero los opositores fueron cercados por los simpatizantes sandinistas, entre los que se mezclaban trabajadores públicos obligados a participar por sus superiores y grupos de delincuentes que hicieron gala de su violencia en contra de los medios de comunicación.
MORTEROS CONTRA CAMISETAS BLANCAS
En los alrededores de los semáforos instalados en la intersección de la Carretera a Masaya y la Pista Cardenal Miguel Obando y Bravo la imagen era dramática, pues lo único que evitaba que las turbas orteguistas se lanzaran en contra de los simpatizantes del candidato liberal eran cordones de policías antimotines, que se veían reducidos frente a los centenares de rojinegros, muchos de ellos en estado de ebriedad, que a escasos doscientos metros de la intersección detonaban sus morteros.
Ahí en los semáforos, donde se concentraba Montealegre y aquéllos que lograron burlar los múltiples tranques no tenían escape alguno en caso de que las turbas vencieran la valla de antimotines y casi a las 4:00 p.m. Montealegre debió anunciar la cancelación de la marcha por razones de seguridad.
En el par de horas que tardó la concentración de la oposición, los sandinistas no cesaron las detonaciones de morteros, que los organizadores de la marcha intentaron minimizar comentando que eran acciones sandinistas para animar y celebrar la concentración en la que la mayoría vestía camisetas blancas, algunas con la leyenda “Estoy buscando mi voto. El CSE me lo perdió”. También habían varias mantas en las que se leía “No a la dictadura”, “No a la violencia” o “No a la reelección”.
La noticia de la cancelación se corrió entre los presentes y pronto la mayoría buscó las pocas salidas alternas que pudieron encontrar, porque también se corrió la voz de que las turbas orteguistas estrecharían su cerco, como en efecto ocurrió luego cuando éstos marcharon sin obstáculos hasta la rotonda de Metrocentro.
Otras personas que pretendían participar en la marcha debieron refugiarse en la entrada del Hotel Seminole, donde el padre Modesto López, cura párroco de la iglesia Virgen de las Victorias, del municipio de El Crucero, rezaba para que cesaran los enfrentamientos partidarios.
El sacerdote había acompañado a monseñor Silvio Fonseca, sacerdote de Las Brisas, para bendecir y rogar la protección espiritual de los marchistas. Ambos hicieron el intento de dirigirse a las turbas orteguistas para rezar por ellos también, pero un policía los disuadió.
La dirigente del Movimiento Renovador Sandinista, cancelado en junio por el CSE, Dora María Téllez, calificó como “pandilleros políticos” al Gobierno de Ortega y también Montealegre calificó como “un montón de vagos” a las personas que los cercaron, pero afirmó que la población no les tiene miedo y que continuarán protestando.
Edmundo Jarquín, también del MRS, sostuvo por su parte que “la represión puede retardar el día de la caída de los tiranos, pero no la inevitabilidad de ese día”, en alusión al fin del gobierno de Ortega, a pesar del cerco y persecución política contra la oposición.
Por parte del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) estuvieron presentes los diputados Carlos Noguera, Leopoldo Navarro y María Dolores Alemán, hija del ex presidente Arnoldo Alemán, así como el diputado Maximino Rodríguez.
Minutos después que se abortó la marcha, se escuchaban cómo los orteguistas gritaban victoriosos: “Las calles ya son nuestras”.
CUAREZMA AL MANDO EN METROCENTRO
En el sector de Metrocentro las turbas orteguistas estaban lideradas por el secretario general de la Central Sandinista de Trabajadores (CST), Roberto González y el diputado Fidel Moreno, quienes a su vez eran instruidos por el concejal sandinista Edgardo Cuarezma.
También destacaba entre los activistas orteguistas el subdirector del Instituto de Medicina Legal (IML), Julio Espinoza.
Según González, las turbas se tomaron las calles para demostrar que el liberal Eduardo Montealegre no tiene respaldo de la población y para exigir al Consejo Supremo Electoral (CSE) que proclame de una vez a los candidatos a alcaldes ganadores de los recientes comicios.
El sindicalista Roberto González justificó que los simpatizantes rojinegros cercaron armados la protesta de la oposición porque “el pueblo de manera organizada lo que está es preparado para defenderse frente a cualquier agresión”.
“No estamos en una actitud agresiva ni provocadora, estamos aquí con nuestra gente porque hemos estado aquí, de tal manera que no seremos nosotros los que vamos a agredir, sino que han sido ellos los que han agredido y han actuado de manera criminal”, insistió González.
Sin embargo, la realidad lo desmentía porque los sandinistas eran quienes cercaban a la oposición y portaban sus diferentes armas y detonaban morteros en las narices de los policías y sus fuerzas especiales, y los negocios aledaños, incluido el centro comercial Metrocentro, debieron cerrar sus puertas, por temor a la destrucción y robos ocurridos ahí durante otra protesta sandinista de la semana pasada.
Luego, las turbas orteguistas de Metrocentro caminaron hasta las inmediaciones del edificio del Ministerio Público, donde un cordón de policías antimotines les impedía el paso.
TURBAS DERROCHADORAS
A varios “cabecillas” orteguistas se les observó coordinando movimientos a través de extensas llamadas desde teléfonos celulares o radiocomunicadores y también contaban con camionetas para movilizar a las turbas entre los recovecos de residencial Los Robles o para repartirles morteros, piedras y tubos.
Cada pequeña turba tenía un líder que se comunicaba por celular con los cabecillas de los otros grupos rojinegros.
“No debemos movernos, aquí nos quedamos y no dejamos pasar a nadie”, gritaba un hombre que intentaba comunicarse por un teléfono móvil en medio de todo el bullicio.
TRABAJADORES PÚBLICOS EN TRANQUE DE ROTONDA
En la rotonda Jean Paul Genie los orteguistas instalaron un tranque a cargo de los empleados del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific), el Instituto de Desarrollo Rural (IDR), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), entre otras instituciones.
LA PRENSA pudo ver al menos una docena de vehículos del Estado aparcados en las cercanías de la rotonda, que a veces también servían para obstaculizando el paso.