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Democracias tóxicas
Danilo Arbilla
El autor es periodista uruguayo, fue presidente de la SIP
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Algún virus similar parece haber atacado a democracias latinoamericanas que han intoxicado a la región. Tal es el caso del gobierno de Ortega, donde lo que importa es que el gobierno proscribió partidos políticos y candidatos, persiguió periodistas y a LA PRENSA y usó dineros públicos para la campaña del partido del presidente

Así como las hipotecas “tóxicas” contagiaron a todo un mundo que alegremente especulaba, obtenía créditos fáciles, compraba casas sin ton ni son y conseguía altas rentabilidades a través de novedosos instrumentos financieros mientras los intermediarios “llenaban” sus arcas, algún virus similar parece haber atacado a la democracia. Particularmente a muchas democracias latinoamericanas que han intoxicado a la región, amparadas en la tan mentada burbuja económica que les permitió disimular sus incapacidades y alimentó su prédica populista.

Se dice que se trata de gobiernos elegidos en elecciones, como si ese fuera el único requisito para que un gobierno sea democrático. No lo es, ni aún en los casos en que las elecciones sean libres, limpias y sin ventajas indebidas para algunas de las partes en pugna.

Veamos algunos casos de la vida real. Por estos días se ha confirmado que los 800 mil dólares que estaban en la maleta de Guido Antonini Wilson, más 4.2 millones extras que “viajaban” en otra valija y ciertos fondos más también de origen “non sancto”, eran para financiar la campaña de Cristina Kirchner. Ese tipo de “financiación electoral” está prohibido por ley en Argentina y por lo tanto deslegitima sin ningún tipo de apelación a su actual gobierno.

Igual o peor es el caso del gobierno de Daniel Ortega. Tanto da el resultado de las elecciones municipales o saber si hubo o no financiación de Chávez, lo que importa es que el gobierno proscribió partidos políticos y candidatos, persiguió periodistas y a LA PRENSA y que usó dineros públicos para la campaña del partido del presidente.

¿Aún así se puede hablar en ambos casos de democracia, de gobiernos legítimos y de elecciones libres?

Mucho peor aún es el caso de Venezuela, en donde el próximo 23 de noviembre se celebrarán comicios para elegir 22 gobernadores y 326 alcaldes. Chávez en casos anteriores ha hecho “fichar” a los votantes, ha dispuesto que los funcionarios de PDVSA votaran por el gobierno so pena de perder el empleo, ha “contado” mal los votos para “matizar” su derrota, ha creado grupos de choque fascistas para agredir a sus opositores y ni hablemos del uso y abuso del dinero de los venezolanos; si a los Kirchner les ha enviado sumas siderales, como se afirma, imagínese uno las que utiliza para sus campañas y las de sus amigos. Pero en éstas el comandante bolivariano supera cualquier antecedente, propio y continental: ha proscripto candidatos y partidos, ha usado jueces afines (prácticamente todos) o al propio Contralor General para desacreditar o inhabilitar a opositores y refuerza sus ataques a periodistas y prensa independiente y opositora. Por si no bastara, recurre a una de las peores formas del terrorismo de Estado: amenaza con “sacar los tanques” a la calle y poner en marcha “un plan militar” si sus adversarios ganan las elecciones. Dado este tipo de “pequeños” detalles ¿serán elecciones libres, legítimas y democráticas? En concreto, si ganan los candidatos chavistas, esta democracia tóxica por excelencia quedaría otra vez legitimada, pero si pierden el país sería ocupado militarmente y habrá que ver cómo lo legitiman.

¿Qué dirán observadores, observatorios, controladores e invitados y “amigos especiales”? ¿Encajará igual dentro de la Carta Democrática de la OEA?

Como sucedió con las hipotecas en que los encargados de controlar, vigilar, regular y alertar sobre lo que ocurría dejaron hacer, también parecería que con las democracias “tóxicas” dan vuelta la cara los que tienen que contribuir a la transparencia, como sería el caso, por ejemplo, de la OEA o de muchas organizaciones y observatorios que dicen ocuparse de temas vinculados a los derechos y libertades.

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