La última entrega de James Bond, Quantum of Solace, “mezcla y agita” ideas no del todo congruentes, desde reacciones químicas imposibles a errores de montaje, que ya han sido señalados por los más minuciosos diez días después de su estreno mundial.
Entre los millones de espectadores que ya la han visto desde su estreno, los que tuvieran conocimientos de química, por ejemplo, se darían cuenta de que una explosión de combustible hidrógeno, como la que sucede en la película, aunque violenta, produce unas llamas casi invisibles para el ojo humano y no las rodadas por Marc Forster.
En este caso se puede poner en duda la causa del error entre una cuestión de falta de documentación o de concesión en pos de la espectacularidad.
Más obvias son las razones por las que, en la persecución en el tejado entre Bond y Mitchell —interpretado por Glenn Foster—, se puede observar cómo la flexibilidad y comodidad con la que ambos corren y saltan es posible gracias a unas zapatillas de deporte negras y no a los zapatos de etiqueta que se habían visto antes.
Además, en la conversación que 007 tiene con otro de los personajes, Mathis —encarnado por Giancarlo Giannini—, en una casa de campo italiana, el reloj de éste cambia de la mesa a la muñeca sin aparente justificación.
Por último, en la escena en la que Daniel Craig vuela en un avión antiguo, en uno de los planos puede observarse la cámara utilizada para filmar el contraplano.
Estos errores que, aunque no ponen en peligro el resultado de su misión, sí han sido apuntados por la página web www.moviemistakes.com.