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Noticias >> Opinión
El mito de “El Pueblo” y las Elecciones Municipales
Humberto Castilla-Toledo
El autor es asesor migratorio
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El “Pueblo Presidente”, el “Pueblo no se detiene”, las “Calles para el Pueblo”, el “Pueblo unido jamás será vencido”, “El Pueblo” para acá y “El Pueblo” para allá. En nuestra opinión hablar de “El Pueblo” es, entre todas, la mentira más extendida e inmoral de las que publicitan los medios oficialistas. Esto lo aseguramos considerando que, tal como lo sabemos el 62 por ciento de los nicaragüenses, en realidad “El Pueblo” no está con el FSLN. Ése es un mito, es una fábula, es un cuento.

Por ello es que, desafiando la intimidación oficialista —o sea los morterazos, pedradas, puñetazos, patadas, garrotazos, fajazos, adoquinazos y puñaladas que los oradores y amorosos danielistas repartieron a diestra y siniestra—, el verdadero pueblo salió a votar decididamente el recién pasado 9 de noviembre, con una valentía y convicción impresionantes.

Al ver que esto pasaba, acaso resentidos con ese pueblo malagradecido —al que se le repartieron miles de gallinas, gallos y cerdos—, y reconociendo que era inminente y abrumadora su derrota, los estrategas danielistas pusieron en ejecución su “Plan B”, que consistió, de manera simple y sin el menor empacho, en escamotear los votos de la oposición, tal como lo demuestran sin ningún tipo de manipulación ni parcialidad las fotografías tomadas recientemente en León, Tipitapa y Carazo.

En dichas imágenes, se aprecia que habían boletas marcadas y otros materiales que manejaron los encargados de las JRV; pero junto con ellas —y lo que es especialmente preocupante—, también se encontraron cédulas y documentos supletorios a los que únicamente tenían acceso los miembros de los CED y CEM. Ello demuestra que el fraude fue planificado y ejecutado “desde arriba” y no sólo a nivel de los presidentes de mesa y fiscales de las JRV. Con ello, ha quedado de manifiesto el desprecio absoluto que don Daniel siente por la soberana voluntad popular, a la que se le ha rebelado abiertamente.

Y si no fue el Frente Sandinista el que escamoteó los documentos que aparecen en las mencionadas fotos, pues que sean ellos quienes concurran ante la Policía Nacional y denuncien la sustracción de los mismos —so pena de convertirse en encubridores, si no lo hicieren—, ya que sí es de conocimiento público que fue el FSLN el que, con maniobras arteras y al amparo de mil leguleyadas, controló los CED, CEM y la abrumadora mayoría de las JRV.

Pero no nos limitemos sólo a denunciar el fraude electoral, pues es extremadamente importante dar una voz de alerta ante el verdadero peligro que supone el mito de “El Pueblo”, dado que ahora —tal como lo informó el magistrado Rafael Solís—, alegando que la “mayoría” ciudadana ha legitimado su mandato, la pareja presidencial va a tratar de reformar el Estado nicaragüense sin convocar a una Asamblea Constituyente. En otras palabras, para la Administración Ortega-Murillo era vital contar con esa “legitimación” para poder impulsar su agenda totalitaria; y si la ciudadanía no les concedió su genuino apoyo, pues entonces se lo fabricaron, como quien va al sastre para que le confeccione un traje o un vestido.

Todo esto ante la mirada displicente del doctor Alemán —a quien hace unas semanas el Tribunal de Apelaciones le sobreseyó a unos familiares, creemos que por pura casualidad—, a quien sólo bastaría levantar un dedo para que los magistrados liberales del Consejo Supremo diligentemente se personaran ante la OEA y digan pío.

Por supuesto que el doctor Alemán podría no hacer esto porque, seguramente, no quiere que don Eduardo sea el nuevo líder de los liberales, lo que éste lograría con tan sólo mantener una posición firme y si no acepta —como se lo van a proponer— que se negocie la Alcaldía de Managua a cambio de las demás que le fueron escamoteadas al soberano, o sea al Pueblo nicaragüense.

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