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Managua, 24/11/2009 9:31 PM
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Medicina preventiva en Nicaragua
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Entre tantas celebraciones en que vivimos en Nicaragua, con motivos religiosos, onomásticos, cumpleaños personales u oficiales, etc., se pasa por alto efemérides realmente importantes. Tal es el caso, por ejemplo, de la celebración durante todo este año del 60 aniversario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), instituida en 1948 por las Naciones Unidas (ONU).

Dedicada al principio a preocuparse por las enfermedades endémicas como lepra, peste y tuberculosis, la OMS ha ensanchado sus preocupaciones hacia asegurar la pureza del agua potable, cuido del medio ambiente, despistaje precoz de enfermedades exóticas como la gripe aviaria y, sobre todo, lucha contra el sida y el hambre. Esta vez la efemérides de la OMS se celebra incluyendo el reconocimiento a la Medicina Tradicional, que cumple 30 años de incorporada a los recursos oficiales de la medicina galénica y que debido a los altos costos de los medicamentos ha cobrado actualidad.

Hablamos de ese conjunto desordenado de cáscaras, raíces, tallos, hojas e infusiones que se ofrece en los mercados y que constituye material terapéutico en el mundo entero. Son vegetales que contienen principios activos muy eficaces, como la digital (digitalis lannata), hierbecilla rescatada por una viejecita de Londres que resultó la salvación para la insuficiencia cardíaca grave. O el herbolario que aquí llamamos “monte”, como la ipecacuana, que es eficaz para diabéticos, o las hojas de salvia, valeriana, hojas de mango, etc. Incluso en Nicaragua se ha publicado un libro valioso que recopila los recursos herbarios usados en el país. Son productos rústicamente presentados que merecen ser evaluados, porque hay curanderos que comercializan productos sin valor terapéutico.

También el 8 de noviembre de este año se ha cumplido el 80 aniversario de la llegada a Nicaragua, por primera vez, de recursos humanos e instrumentales de Medicina Preventiva, que se cumplió el 8 de noviembre. Esos recursos llegaron con la marinería norteamericana y el equipo fue donado por el millonario norteamericano John D. Rockefeller, después de la trágica experiencia con la fiebre amarilla en Panamá. Comprendieron que sin salud era imposible emprender cualquier trabajo y con el fondo Rockefeller se emprendió un programa de medicina preventiva de gran envergadura.

Muchos de los marinos eran entrenados en higiene y los procedimientos que ellos indicaron fueron prontamente ejecutados. Instalaron clínicas departamentales provistas de laboratorios, en las que gratuitamente practicaban exámenes micro y macroscópicos de orines, heces y sangre, preferentemente a los sectores más necesitados. Vino como consultor de la misión médica el doctor Moñoy, higienista norteamericano. Éste, en su informe señaló que las criaturas nicaragüenses estaban gravemente desnutridas y deterioradas física y mentalmente, debido al paludismo y a parásitos intestinales: uncinarias, tenias, tricocéfalos, amebas y lombrices. Esos daños eran aumentados por las repetidas picaduras del mosquito vector anopheles, que al mismo tiempo que se alimentaba con la sangre del pequeño le inyectaba larvas del parásito “falciparum”, proveedor del paludismo o malaria.

De manera que por ley se estableció que todo escolar debería estar limpio de parásitos para su admisión, pues siendo gratuito el tratamiento no había pretexto. Lo más impactante fue la campaña de erradicación del zancudo hembra que se lanzaba en oleadas a chupar sangre e inyectar el falciparum, sobre todo en familias que mantenían depósitos de aguas estancadas, cuya permanencia era multada. La base del tratamiento era sulfato de quinina, ya sea en cápsulas o en soluciones que los muchachos llamaban “tigra” por su áspero y acre sabor.

En el desarrollo de este programa integral de medicina preventiva fueron elaboradas, bajo la vigilancia del doctor Manuel Antonio Sánchez Vigil, máster en Higiene Pública, vacunas contra viruela, tifoidea, tétanos y rabia. Los resultados satisfactorios no se hicieron esperar. Lo mismo sucedió con la disminución de sífilis detectada con la reacción de Kahn y cuyo examen fue obligatorio a vendedoras del mercado y a quienes iban a viajar. La viruela, que hacía estragos en niños, adolescentes y adultos, descendió notablemente.

También fue un logro fundamental de la intervención militar norteamericana, en el ramo de la medicina preventiva, la purificación del agua de la laguna de Tiscapa, pues hasta entonces la fiebre tifoidea hacia estragos en la población de Managua. Y desde entonces, la medicina preventiva pasó a ser parte de los programas gubernamentales de salud pública en Nicaragua.

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