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La divina pureza del amor
Alfonso Dávila Barboza
El autor es consultor penal.
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Recientemente conversaba con un estimable amigo muy devoto de los estudios propios de la Teología, como documentos y textos publicitados por el Vaticano, de los queridos y admirables líderes religiosos como el bien recordado Papa Juan Pablo II y el actual rector de la Iglesia católica mundial, el Papa Benedicto XVI.

Confieso que estudio y leo con deleite intelectual todo lo relacionado con los escritos de estos dos últimos Papas, y mi interlocutor convino conmigo, cuando abordamos el tema del Amor, que tan sentida y definida palabra de origen divino, lamentablemente es víctima, en Nicaragua, en los últimos años, de manoseo, irreverencia y manipulada por intereses políticos.

Siempre he considerado que entre la confidencia y la incidencia se confunden sus linderos o bien a propósito, muchos logran con mucho cálculo la referida confusión; y así, tenemos también que entre el Amor y el Odio existen notables diferencias, pero en verdad, en la realidad tienen una vida muy contigua. Como es verdad absoluta que el Amor viene de Dios y lo alimenta el cariño, el respeto, la fidelidad, la fe y la esperanza. Y el Odio abre sus puertas con regocijo a la mentira, la falsedad, la malicia y a la cizaña.

En conclusión, se presenta que el Amor, con la protección divina que le soporta como un estimado bien, triunfa sobre el Odio, que se ubica en los terrenos del maligno. No olvidemos la frase que imploramos para el logro de una esperanza cuando decimos “por el Amor de Dios” y, a veces, usamos la frase “confiemos en Dios que es todo Amor”.

Aquí recuerdo un pasaje bien sentido del poeta norteamericano Walt Whitman, que en su libro de poesía Hojas de Hierba, expone “aquél que en la vida camina sin amor, está preparando su propio funeral”.

Los cristianos tengamos muy presente que el Amor viene de Dios y por ello actuemos con nobleza, total sinceridad, procurando siempre amar a nuestro prójimo igual que amamos a nuestras familias y a nuestra querida Patria.

Recordemos que nuestra Constitución Política registra estas líneas que son un tributo y un reconocimiento a Dios nuestro Señor, y así en su preámbulo podemos leer al final que nuestra Constitución se aprueba “En nombre…. de los cristianos que desde su fe en Dios se han comprometido e insertado en la lucha por la liberación de los oprimidos y de sus intelectuales políticos…”

Finamente, me permito, con simpatía cristiana, presentar esta cita en que se resalta el sagrado contenido del Amor, que se encuentra en la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, y así pase textual: “El amor es paciente, es servicial; no tiene envidia, no presume ni se enorgullece, no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”.

Ahora nos quedan tres cosas: la Fe, la Esperanza y el Amor. La más grande de todas es el Amor.

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