“Hermano, no me matés; llevate la camioneta”, recordó el periodista de la oficialista Nueva Radio Ya, Nicolás Berríos, que fue su primera reacción cuando el pasado miércoles fue interceptado en la Avenida Universitaria por dos vehículos en los cuales se movilizaban tres desconocidos.
La primera impresión que tuvo el periodista fue que se trataba de un robo, según comentó ayer después de haber sido dado de alta en el Hospital Militar y con las muestras visibles de la agresión sufrida.
El periodista presentó una denuncia ante la Procuraduría de Defensa de Derechos Humanos.
Consultado Berríos por sus colegas sobre los elementos con que cuenta para señalar a los posibles responsables de la agresión sufrida, respondió: “No quiero señalar con nombre y apellido a nadie”.
Sin embargo, consideró que “es más que evidente que lo que han estado haciendo el señor (Eduardo) Montealegre y el señor (Enrique) Quiñónez, en los últimos días (...), instando al pueblo a la violencia”, el día antes de las protestas de los simpatizantes liberales.
El propio día de ocurridos los hechos, los dirigentes de la Alianza PLC afirmaron no tener ninguna relación con la agresión al periodista.
“CORTALE LA LENGUA”, AMENAZÓ UNO
Berríos comentó que ese día los desconocidos le interceptaron el paso e impidieron que la camioneta que conducía continuara avanzando, lo obligaron a descender de la misma y empezaron a agredirlo, al tiempo que proferían todo tipo ataques verbales.
“Matalo a ese hijo de p..., cortale la lengua, que sólo m... habla, así los vamos a terminar a todos”, expresó Berríos que le decía uno de los atacantes a su compañero, mientras un tercero aguardaba en el interior de uno de los dos vehículos.
Los recuerdos de los momentos de terror que padeció hacen que las lágrimas mojen el rostro de Berríos, mientras comenta lo sucedido.
Estima que estuvo muy cerca de la muerte.
“Imploré por mi vida”, expresó Berríos, quien consideró que los desconocidos actuaron como canallas, pues estaban en desigualdad de condiciones y lo golpearon a punta pie, le asestaron varias estocadas y lo agredieron verbalmente.
En un chequeo realizado ayer, los médicos le confiaron que los golpes causados en el ojo derecho pueden dejarle alguna secuela.
“¡NO ME QUIERO MORIR!”
Expresó que mientras los desconocidos furiosos lo golpeaban, él les insistía que tenía familia.
“Me atemoricé (...), sentí que la muerte estaba cerca de mí”, relató el periodista radial, quien indicó que hubo un momento en que clamó: “Señor, en tus manos estoy. ¡No me quiero morir!”. El temor, dice Berríos, inundó su cuerpo, sobre todo cuando de pronto fue sorprendido por la explosión de la camioneta, y las lenguas de fuego abrazaban la carrocería de la misma.
Adelantó que el propio miércoles sus superiores introdujeron una denuncia ante la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), de la Policía Nacional.
Berríos hizo un llamado a la unidad del gremio, pues dijo que cada uno, desde el sitio donde trabaja, desempeña una labor. Al tiempo que repitió “que no somos culpables de la voluntad de un pueblo”.
El procurador electoral de derechos humanos, Sixto Ulloa, condenó lo sucedido y anunció que esa institución brindará el acompañamiento al periodista, ante las instancias correspondientes.