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Clamor nacional: respeten el voto popular
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Nicaragua es de nuevo noticia mundial. Violencia, fraude electoral, vehículos quemados y jóvenes baleados son parte de las notas que circulan en los medios de comunicación del mundo.

Estos hechos son parte de una cadena de ilegalidades y violaciones. Meses atrás inversionistas denunciaron que desde la oficina del presidente Ortega se les extorsionaba. Vinieron represalias y terminaron quitándole la diputación a Alejandro Bolaños D., uno de los que denunciaron la extorsión.

En un hecho sin precedentes, Eduardo Montealegre pierde la presidencia y el partido ALN, con el que había obtenido el segundo lugar en las elecciones nacionales. Eliseo Núñez H. recibe el partido ALN y “los favores” del orteguismo por traicionar al liberalismo.

El Partido de la Resistencia Nicaragüense, de la noche a la mañana cambia de Jefatura con la complicidad del orteguismo avalada por el CSE. Los partidos Conservador y MRS son retirados de la contienda electoral en una muy particular interpretación de la ley por el presidente del CSE.

La Verificación Electoral, manipulada por el CSE, fue un fracaso. Miles de nicaragüenses siguen reclamando sus cédulas. Mientras el orteguismo repartía cédulas únicamente a sus simpatizantes. El FSLN va a las municipales acompañado de los partidos ALN, PRN y AC con quienes “comparte” todo el control electoral. El círculo del fraude se cierra paso a paso.

En un hecho insólito, Roberto Rivas, presidente del Consejo Supremo Electoral, rechaza la observación nacional e internacional que históricamente había participado en los procesos electorales. Miembros de dicho Consejo afirman que nunca se discutió de forma colegiada esa decisión.

El día de las elecciones, los medios de comunicación muestran todo tipo de irregularidades. Algunas de consecuencias gravísimas, como la expulsión de Fiscales de la Alianza PLC de las JRV, dejándolos en total indefensión.

De forma absolutamente irresponsable el CSE empezó a brindar resultados electorales parcializados, generando un descontento popular que culminó con batallas campales, heridos, quemas de vehículos, protestas populares y lo más grave, desconfianza en los resultados electorales.

Eduardo Montealegre, con Actas Electorales en mano, afirma que ganó la Alcaldía de Managua, mientras que el CSE lleva adelante al candidato de Ortega. Lo mismo sucede en León, La Libertad, Jinotepe y muchísimos municipios más, en donde la oposición asegura que triunfó.

La Conferencia Episcopal emitió un pronunciamiento muy claro:

“…los principales caminos para superar la desconfianza generalizada de la población en estos comicios electorales, es la revisión o cotejo de las actas en manos de los partidos participantes, tal y como fueron firmadas en el momento de cierre de las Juntas Receptoras de Votos, ante fiscales de los partidos políticos y organismos de observación nacionales e internacionales”.

El Secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, expresó su preocupación “por serio retroceso para el proceso democrático”. El Cosep y Amcham exhortaron al CSE y a los partidos a la revisión de las Actas Electorales con observación internacional y nacional.

Después de señalar innumerables irregularidades, la Alianza PLC desconoció los resultados electorales, lo cual coloca por primera vez a Nicaragua desde 1979, en una crisis electoral.

Esta tragicomedia electoral hubiera sido imposible de montar por el orteguismo sin la complicidad de Roberto Rivas. Cuánto sufrimiento, angustia y sangre se hubiera evitado si el CSE contara con un presidente honorable y capaz. El país tiene derechos de sangre y honor para exigir un presidente del CSE respetado y aceptado por la población.

La solución a esta crisis electoral que ya afecta la economía popular es muy sencilla: Hay que revisar las Actas Electorales en manos de la Alianza PLC firmadas por los fiscales y autoridades electorales de cada JRV bajo la observación de la OEA, Ética y Transparencia entre otros. El CSE tiene aún la opción de enderezar el camino y evitar la profundización de la crisis.

La nación vive momentos sumamente delicados. El orteguismo apuesta que el quehacer cotidiano se impondrá sobre las denuncias y al final el pueblo terminará aceptando el fraude electoral y Ortega buscará perpetuarse en el poder. El dictador se equivoca. Este pueblo está conformado de vigor y gloria y aún no se canta el out 27.

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