En la víspera de los comicios municipales, el panorama electoral es incierto para las tres fuerzas políticas mayoritarias en contienda, FSLN, PLC, ALN, una de las últimas encuestas reveló un abstencionismo o indecisión de más del 30 por ciento del universo de los votantes.
Es lamentable para nuestra sociedad, que el actuar de las fuerzas políticas lleve a algunas o muchas personas a un estado de no saber por quién votar, de cuestionar si realmente el candidato propuesto por determinado partido para alcalde merece mi respaldo y confianza para gobernar mi departamento.
En la campaña electoral municipal, tanto los candidatos a alcaldes como las fuerzas políticas que los respaldan se enfocaron en señalar lo malo que han actuado sus contrincantes políticos, y ocultaron lo que ellos no han hecho por nuestra sociedad. Se enfocaron por vender como plan de Gobierno municipal objetivos y metas irrealizables, subestimando la capacidad de cuestionamiento y uso de la razón de nuestro pueblo para rechazarlos como autoridad municipal.
Es una situación deplorable para nuestra sociedad, que el ejercicio del derecho a la elección de nuestras autoridades municipales se vea obstaculizado por el actuar político de las fuerzas partidarias en ofertas electorales. El derecho cívico alcanzado por nuestra sociedad a un costo demasiado alto hoy se ve impregnado por el sentimiento entre algunas personas de no saber por quién ir a votar mañana 9 de noviembre.
Popularmente se maneja que estas elecciones tendrán mayor relevancia que los comicios municipales pasados, pues si el partido de Gobierno logra incrementar la cantidad de alcaldías que controla se sentarán los cimientos para una dictadura, fortaleciendo al Gobierno Central en desmedro de los gobiernos municipales.
Los dos partidos políticos principales cuentan con representación en el Consejo Supremo Electoral, por lo que las cuotas de participación de estas fuerzas debería garantizar comicios electorales municipales transparentes, descartando por completo la posibilidad de un fraude electoral.
Es una carga demasiado pesada el deterioro de la democracia, por el actuar de las fuerzas políticas mayoritarias. Éstas nos han conducido a una condición social primitiva en la que la representatividad estructurada (partidos políticos) como expresión social de participación ciudadana es rechazada con una indecisión electoral de más o menos un 30 por ciento del universo de los votantes, muchos de los cuales se decidirán hasta el mismo momento de las elecciones.
Para mí que es un pensamiento socialmente ingenuo creer que las fuerzas políticas instauradas en la contienda electoral municipal resolverán los problemas socioeconómicos de nuestra nación. Las actuales ofertas políticas han tenido espacios de decisión y cuotas de poder en la Asamblea Nacional, desde donde su actuar políticono ha contribuido en nada a mejorar nuestro sistema socioeconómico.
Los esfuerzos de la población por aportar a un sistema social democrático se ven frustrados ante el maniobrar interesado de las propuestas políticas en oferta electoral, y nos conduce una vez más a desacreditar a la representación política organizada en un partido, como respuesta a las demandas de nuestra sociedad.
Los ciudadanos nicaragüenses que hasta el día de hoy nos debatimos en el dilema de votar con el corazón o hacer uso de nuestra razón, si apoyar a nuestro candidato por afinidad política o respaldar a un candidato que nos inspire capacidad, debemos confiar en que con nuestra decisión de este domingo 9 de noviembre estaríamos haciendo lo correcto para nuestro país.
De lo contrario, con los resultados electorales municipales y parafraseando un poco al Vicepresidente de la República: “Que Dios nos encuentre confesados”.