Michelle, el pilar de la familia Obama
Alain Jean-RobertWASHINGTON/AFP
revista@laprensa.com.ni

No remunerado y sin ninguna responsabilidad oficial, el papel de esposa del Presidente de Estados Unidos no conoce sin embargo ningún límite: la Primera Dama es la confidente del Presidente y puede ejercer notable influencia en las decisiones políticas. Fue la dinámica Dolley Madison, esposa de James Madison, el cuarto Presidente estadounidense, que fusionó los aspectos político y protocolar de la función. Dolley Madison arriesgó su vida durante la guerra de 1812 contra los británicos buscando salvar los tesoros simbólicos de la joven república norteamericana, durante el incendio de la Casa Blanca. A mediados del siglo XIX el carácter institucional de la función había tomado tanta importancia que el público no habría podido concebir la Casa Blanca sin una Primera Dama”. Es así que Harriet Lane jugaría este rol durante el mandato de su tío, James Buchanan (1857-61), único soltero elegido a la Presidencia. Fue en esta ocasión que se creo el título de Primera Dama. Mary Lincoln fue la primera en estar involucrada en escándalos, durante la Presidencia de su esposo Abraham Lincoln (1861-65). Hellen Taft (1909-1913) fue la primera en apoyar la lucha por el derecho de voto de la mujer. Edith Wilson (1913-21) aseguró la gestión de la Presidencia durante la convalecencia de su esposo, víctima de un ataque cerebral. Eleanor Roosevelt (1933-45) fue, según los historiadores, la más activa de las Primeras Damas. Ella influyó incluso en la decisión de comprometer Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Presidenta de la comisión encargada de redactar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, fue ella quien presentó esta Declaración al Tribunal de las Naciones Unidas en 1948, tres años después de la muerte de su esposo. Jacqueline Kennedy (1961-63) sedujo al mundo entero con su estilo, su elegancia y su encanto. Catorce años después de su muerte, figura entre las Primeras Damas estadounidenses más populares. Lady Bird Johnson (1963-69) jugó el rol de pionera en el dominio de la protección del medioambiente. Entre las Primeras Damas vivas, Betty Ford (1974-77) provocó controversia tras la aprobación de la decisión de la Corte Suprema que reconoció el derecho al aborto. Levantó un tabú al revelar que sufría de cáncer de seno. Rosalyn Carter (1977-81) fue la enviada del Presidente en varios países de América Latina. Nancy Reagan (1981-89) y Barbara Bush (1989-93) limitaron sus roles al apoyo de obras caritativas. En 2001 Hillary Clinton se convirtió en la única ex Primera Dama a ser elegida en el Senado de Estados Unidos. Cuando su marido fue Presidente (1993-2001) ella había tomado la iniciativa de una reforma para permitir a todos los estadounidenses el beneficio de un seguro de salud. Se presentó en vano a la investidura demócrata y habría podido convertirse en la primera mujer Presidente de Estados Unidos. Laura Bush (2001-2009) se encargó de fomentar la lectura de los niños, de luchar contra las enfermedades cardíacas en la mujer o aumentar la ayuda federal para las bibliotecas públicas. Viajó sola a Asia, Medio Oriente y África, donde promovió el acceso de las mujeres a los cuidados médicos y la enseñanza.

La futura Primera Dama de Estados Unidos fue un pilar en la campaña de su esposo. Dio cientos de entrevistas a la prensa y no dudó en dirigirse a las multitudes con su profunda voz un poco ronca

“Soy una anomalía estadística. Una chica negra, criada en el sur de Chicago (...) No se suponía que llegara hasta aquí”, dice Michelle Obama, que en enero ingresará a la Casa Blanca como Primera Dama de la mano de su marido, Barack Obama, Presidente electo de Estados Unidos.

Sus simpatizantes la presentan como una nueva Jackie Kennedy, considerada por los estadounidenses como una de las primeras damas más refinadas de la historia independiente del país.

Es que la futura primera dama rezuma juventud y elegancia, tal como la esposa del asesinado presidente John F. Kennedy (1961-1963) a su llegada a la Casa Blanca.

Michelle Obama tiene un hablar franco y su cáustico sentido del humor la llevó a ser acusada por sus adversarios de antipatriota, arrogante y hasta de racista. Los cuestionamientos a su sentimiento patriótico derivaron de un acto en febrero en el que afirmó: “Por primera vez en mi vida adulta estoy verdaderamente orgullosa de mi país”.

“Evidentemente amo mi país (...) En ningún otro lugar salvo en Estados Unidos mi historia hubiera sido posible”, se defendió más adelante.

Elogiada por su inteligencia y donaire, ha sido calificada “la parte ácida” del senador por Illinois y “Señora reproches” por los medios conservadores estadounidenses.

Con 44 años, Michelle Obama admite haber visto con desconfianza la decisión de su esposo de lanzarse a la carrera por la Casa Blanca: quería preservar su vida familiar.

Pero aceptó bajo dos condiciones: que Malia, de 10 años, y Sasha, de 7, vieran a su padre al menos una vez a la semana. Y que él dejara de fumar.

Barack Obama cumplió... a medias, ya que confiesa que de tanto en tanto se rinde al prohibido placer del tabaco y se fuma un cigarrillo.

Nacida en el seno de una modesta familia del sur de Chicago, Michelle Obama creció en el South Side, el barrio más pobre de la ciudad, en una casa de dos ambientes para sus cuatro habitantes. Su padre, Frazer Robinson, empleado de la alcaldía, trabajó toda su vida pese a una esclerosis en placas. Marian, su madre, se ocupaba del hogar.

En ese contexto, Michelle logra ingresar en la prestigiosa universidad de Princeton en 1981. Su tesis de Sociología se enfoca en la separación de razas y en cómo los estudiantes negros adoptan una “estructura social y cultural (de la raza) blanca” y se identifican cada vez menos con su comunidad étnica.

Con sus 1.82 metros de altura, le huye a los deportes justamente porque es “alta, negra y atlética”, cuenta uno de sus profesores.

LLEGÓ EL AMOR

Después de Princeton, estudió Derecho en la universidad de Harvard antes de convertirse en abogada de una gestoría de Chicago. Allí conoce a quien más adelante la desposaría. No sin dificultades, pues supo resistir los embates de Barack Obama durante un buen tiempo. Pero claudicó ante una invitación a ver una película de Spike Lee, controvertido cineasta negro caracterizado por la crítica social en sus filmes.

Luego de su boda en 1992, Michelle Obama deja el sector privado para trabajar en la alcaldía de Chicago, después en el hospital universitario, del que actualmente es vicepresidenta a cargo de asuntos externos.

“Mi esposo será un Presidente extraordinario”, asegura.

De todos modos, Michelle Obama dice que no se ve ocupando un lugar eminente en la Casa Blanca. Y enfatiza: “Con Barack hablamos de todo, pero no soy su asesor político. Soy su esposa”.

Más información en www.laprensa.com.ni >>
© LA PRENSA 2005 - Todos los Derechos Reservados