La rebelión cívica del domingo
Sergio Ramírez
El autor es escritor. Masatepe, noviembre 2008.

Las elecciones municipales de este domingo en Nicaragua se están planteando, por la fuerza de la necesidad, como una verdadera rebelión cívica. Votar para elegir, que en las democracias establecidas pasa por un acto normal que los ciudadanos ejercen sin sobresaltos, se convierte entre nosotros en esta ocasión en un desafío al poder que con asombrosa constancia, y por todos los medios, busca ahogar la democracia y distorsionar, sino anular, el papel de las instituciones que tantas luchas a lo largo de nuestra historia ha costado construir.

Explicaba esta peculiar circunstancia a quienes me escuchaban en Alcorcón, en la comparecencia que tuve la semana pasada en el Club Internacional de Debate, de la Fundación Instituto de Cultura del Sur, que presiden en España el ex presidente Felipe González y el escritor José Saramago. Que unas elecciones municipales vayan más allá del hecho ordinario de elegir alcaldes y concejales, y se desborde hacia una prueba de la democracia misma, amenazada como se halla, no es, en verdad, nada común.

Lo que es común, en España y en cualquier otra parte, es que unas elecciones municipales no despierten el mismo interés que unas nacionales, para presidente, o diputados, donde se juega el poder político, y los ciudadanos pueden decidir si siguen con lo mismo, o cambian el rumbo del país, eligiendo gobernantes diferentes. Esto hace que el número de electores que concurre a las municipales sea siempre menor, salvo, me decía uno de mis oyentes en el auditorio cuando se abrió el debate final tras mi intervención, que los electores quieran dar una señal al partido de gobierno y le adviertan por adelantado que está haciendo mal las cosas, y que tiene que cambiar el rumbo.

Se da entonces una especie de referéndum, en el que los electores, convocados a votar por autoridades edilicias, expresan un criterio político de alto allí, y emiten un voto de castigo. Cierto, pero en Nicaragua se trata de algo que va aún más allá, respondía yo a mi oyente. Con su voto del domingo que viene, los electores buscarán defender a toda costa su democracia, que ahora se halla en peligro, según lo advierte la gran mayoría, y buscarán cerrar filas para que se deje oír su voz, la voz de los más, y se advierta que la democracia no está sola. Un referéndum, pero de supervivencia.

Y les decía a mis oyentes aún más. Les decía que detrás del simple llamado a ir a votar, que en tiempos normales es un llamado cívico común, en el fondo, quienes lo hacen, organizaciones civiles, corporaciones, la conferencia de obispos católicos, dirigentes de las iglesias evangélicas, advierten a los electores precisamente lo que está en juego, que si a la democracia se la deja sola queda en peligro de retroceder. No otra cosa se desprende de la vehemencia de esos llamados, no sólo de salir a votar, sino de votar a conciencia, de saber por quién votar. Un llamado de tiempos de emergencia.

Deberá ser entonces la del domingo una especie de gran operación comando. Ir al rescate de la democracia a los centros de votación, y votar, no importa las condiciones de mala entraña que han sido arregladas desde el poder único para ensuciar la pureza del voto, o buscar cómo volverlo fraudulento. No importan tampoco los actos de violencia ocurridos en los días anteriores, y que se ciernen a manera de amenaza para amedrentar a los votantes. No importa que no se haya admitido la presencia de observadores, ni de que se trate de confundir a los votantes con reglas ilegales, todo lo cual concurre en desmedro de las garantías que el voto debe tener. Precisamente por eso, y bajo esas condiciones adversas, es que hay que salir a votar.

Un voto masivo en contra del partido de gobierno, que busca quedarse en el poder, y de eso hay señales más que claras, servirá para dar fortaleza a la democracia en las nuevas luchas que tendrá que librar en tiempos que ya vienen, todos los que no queremos monopolio del poder alrededor de la democracia; la primera de esas luchas es evitar una reforma constitucional que permita la reelección presidencial, o que cree un remedo de estado parlamentario, donde un primer ministro se siente en el asiento del poder verdadero con un presidente fantoche, como es el caso de Rusia bajo el presente reinado de Vladimir Putin.

Votar este domingo se vuelve esencial, y es un auxilio que la democracia misma, mirando hacia sus propias heridas, nos pide que le demos. No debemos despreciar su llamado. Si vamos todos, será una formidable rebelión en la que juntaremos fuerzas desde nuestro derecho al voto secreto, que pese a todo sigue siendo nuestro.

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