La elección histórica de Estados Unidos

La elección presidencial de Estados Unidos que se celebró el martes de esta semana es histórica, ante todo porque se trata de la primera vez que la mayoría de la población estadounidense ha escogido a un presidente afroamericano. Además, según aseguran analistas estadounidenses e internacionales Barack Obama será el Presidente de Estados Unidos más a la izquierda que jamás haya tenido ese país a lo largo de toda su historia. De allí que el presidente socialista de Brasil, Lula da Silva, dijera en La Habana, Cuba, pocos días antes de la votación presidencial norteamericana, que la elección de Obama en Estados Unidos sería equivalente a la de Fernando Lugo en Paraguay, a la de Evo Morales en Bolivia y a la de él mismo en Brasil. Menos mal que al mandatario brasileño no se le ocurrió decir que la elección de Obama en Estados Unidos es equivalente a la de Daniel Ortega en Nicaragua.

Pero no sólo el presidente brasileño de izquierda se regocija con el triunfo de Obama, sino también otros gobernantes izquierdistas y de hecho todo el llamado “progresismo” internacional. Y tampoco son únicamente los izquierdistas y “progresistas” los que catalogan a Obama como un político y a partir del año entrante un gobernante de izquierda en América del Norte. El periodista y escritor cubano-norteamericano Adolfo Rivero Caro, quien es reconocido por su pensamiento político de rigurosa derecha democrática, advirtió en un artículo de opinión publicado el 19 de octubre pasado que: “Toda la izquierda radical de EE.UU. se alberga en el Partido Demócrata. La experiencia muestra que inclusive demócratas centristas tienen que apaciguar al ala izquierda del partido porque ésta suministra un gran número de los delegados y activistas durante las primarias. Barack Obama representa esa ala izquierda... Obama es un hombre de la izquierda radical, como puede comprobarlo cualquiera que se tome el trabajo de investigar cómo ha votado en el último año. Gran parte del entusiasmo que ha generado no se deriva de que sea negro, sino de que es un activista de la izquierda radical”, señaló Rivero Caro.

Sin embargo, otros analista han hecho ver que a pesar de que Barack Obama comenzó desde la izquierda su campaña presidencial, a medida que avanzaba fue virando hacia el centro. Ése era el precio que debía pagar por conseguir el respaldo de los sectores centristas del Partido Demócrata, como el de los Clinton, lo mismo que de republicanos moderados como el antiguo jefe de las Fuerzas Armadas y ex Secretario de Estado en la Administración del presidente George W. Bush, Colin Powell, quien además es afroamericano como Barack Obama.

Como sea, el cambio hacia la izquierda que Obama podría impulsar necesariamente tendría que ser cauteloso y moderado, no revolucionario, sencillamente porque la realidad objetiva estadounidense no le permitirá hacerlo con el radicalismo que tal vez él quisiera. Estados Unidos es un país muy complejo, el cual, a pesar de haberse africanizado, latinoamericanizado y asiatizado bastante en los últimos tiempos —asimilando lo bueno pero también lo malo de esas culturas—, tiene instituciones democráticas y tradiciones individualistas muy extendidas y arraigadas, que no se pueden cambiar y mucho menos extirpar con facilidad. La realidad estadounidense es muy diferente a la de América Latina, donde cualquier caudillo o machetón populista puede llegar al poder y hacer lo que quiera, desde llevarse la Casa Presidencial a su casa de habitación y oficina de su partido —como ha hecho Daniel Ortega en Nicaragua—, hasta atropellar los derechos individuales, transformar las instituciones y cambiar la constitución y las prácticas democráticas de gobierno. Como se suele decir, gobernar es muy diferente que hacer campaña electoral y hablar lo que quieren escuchar las multitudes, lo cual es particularmente cierto en países como Estados Unidos.

Finalmente, en lo que respecta a los latinoamericanos que ahora aplauden entusiasmados el triunfo de Barack Obama, quizás muy pronto tendrán que lamentar las políticas hacia América Latina que éste aplicará, las que, si él cumpliera todos sus compromisos de cambio probablemente serán proteccionistas y anti libre comercio, favorables a los trabajadores de Estados Unidos pero por eso mismo perjudiciales para los países de América Latina. Y en todo caso, con Barack Obama en el poder el destino de los latinoamericanos, incluyendo a los nicaragüenses, seguirá dependiendo de nosotros mismos, algo que al parecer a muchos izquierdistas y derechistas les cuesta entender.

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