El deporte no tiene el poder para generar cambios súbitos en una sociedad, de la forma como estas elecciones en Estados Unidos han hecho, casi a modo de un terremoto. En cambio, como un remezón, el deporte causó ondas que han modificado la forma de pensar de muchos.
No fue la razón por la cual Barack Obama fue electo el martes como el próximo ocupante de la Casa Blanca. El movimiento de los derechos civiles, las realidades políticas y la admisión de los negros en las Fuerzas Armadas tuvieron una mayor influencia en que el color de la piel no tuviese el mismo peso que antes en este último período electoral.
De todas formas, del deporte fue una de las causas que los comicios se diesen de una manera que hubiese sido inimaginable para generaciones previas.
La igualdad de condiciones en el deporte es lo que permite un resultado justo. Los competidores pierden o ganan de acuerdo con sus méritos. Se convierten en líderes o seguidores en base a su habilidad de liderazgo.
Nadie quien vio a Jesse Owens correr, a Muhamad Alí pelear, a Michael Jordan volar, o a Tiger Woods jugar golf —ya sea en añejas películas, por televisión o en persona— puede negar sus éxitos o dejar de admirarlos.
Romper barreras toma tiempo, y es muy difícil precisar el momento cuando esas percepciones empezaron a cambiar de ser simples espectadores a un respaldo activo.
En Estados Unidos, es claro que la actual generación ha aceptado la realidad. Muchos crecieron alentando a un deportista cuyo color de piel era diferente al suyo.
El aspecto racial seguirá siendo un factor de división durante mucho tiempo, pero el hecho de que muchos niños se visten, hablan o practican el deporte en forma parecida, sugiere que la brecha podría estar cerrándose.
En la edición de febrero de la revista Golf Digest, cuando las primarias apenas se estaban realizando, el columnista Jaime Díaz escribió que la irrupción de Woods allanó el camino para el surgimiento de Obama.
La premisa provocó la reacción de varios expertos. Richard Lapchick, del Instituto sobre la Diversidad y Ética en el Deporte, señaló que se trata de una “arista que no había considerado antes”.
EL PRIMER IMPULSO
Pocos recuerdan 1936, cuando un atleta negro dio un salto a la inmortalidad. Pese a que a duras penas contaba con el aliento de sus compatriotas, Owens ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín, y de paso desvirtuó la propaganda nazi con su concepto de la superioridad de la raza blanca.
Más de una década transcurrió para que un negro tuviese oportunidades similares en la esfera profesional, y Owens tuvo que ganarse la vida con oficios que no tenían que ver con su talento.