Barack Obama y la mayoría demócrata ahora reforzada en el Congreso, no tienen otra opción que enfrentar sin ningún margen de error la crisis financiera, so pena de ser sancionados en un país históricamente reacio a las ideas de izquierda.
El futuro presidente, que asumirá su cargo el 20 de enero, podrá apoyarse en una fuerte mayoría demócrata en ambas cámaras del Congreso, pero si no obtiene resultados rápidos, la sanción de los electores puede caer rápidamente sobre los demócratas, como muestra la historia política del país.
En 1994, dos años después de la elección del presidente demócrata Bill Clinton, los republicanos, encabezados por Newt Gingrich, lograron un verdadero terremoto en las elecciones parlamentarias, debido al descontento causado por el proyecto de seguro de salud propuesto por la primera dama, Hillary Rodham Clinton.
Barack Obama hizo su campaña y obtuvo la elección presidencial en gran parte merced a su credibilidad sobre las cuestiones económicas. La crisis financiera le fue fatal a su adversario John McCain, vinculado como republicano a ocho años de gestión de la administración Bush. Pero no faltan los desafíos.
"Los demócratas deben lograr que la economía mejore de aquí a 2010. Si eso no ocurre, los republicanos volverán con toda su fuerza", advirtió John Pitney, profesor de Ciencia Política del Claremont McKenna College (California).
Barack Obama deberá enfrentar un gigantesco déficit presupuestario, que ya alcanza los 455.000 millones de dólares para el ejercicio concluido a fines de setiembre. El déficit puede superar un billón de dólares en el ejercicio 2009, iniciado a comienzos de octubre.
Y con un crecimiento en problemas (el producto interno bruto retrocedió 0,3% a ritmo anual en el tercer trimestre), los ingresos finales tienen pocas posibilidades de ayudar a la futura administración.
Además, la situación del empleo es crítica: el sector privado estadounidense eliminó 157.000 puestos en octubre, tras haber suprimido 26.000 en setiembre (cifras revisadas), según el estudio del gabinete de recursos humanos ADP.
El estudio de octubre "aporta la prueba de que el debilitamiento del mercado laboral continúa", agregó ADP, que revisó a 26.000 su estimación del número de empleos eliminados en el sector privado en setiembre (contra 8.000 anunciados un mes antes).
El nuevo presidente y los jefes de la mayoría en el Congreso se verán, pues, obligados a obtener éxitos rápidos.
"En la política norteamericana existe el fenómeno que llamamos de 'luna de miel', durante el cual el apoyo el presidente recién electo es fuerte. Pero no se puede saber cuánto dura eso", observó Andrew Taylor, profesor de Ciencia Política en la universidad de Carolina del Norte.
Obama prometió reducir los impuestos para los ingresos inferiores a 250.000 dólares anuales, o sea, el 95% de los hogares. Pero si la crisis perdura y se ve obligado a aumentar los gastos y los impuestos sin mejorar la situación económica de la población, se lo podrían echar en cara en las elecciones de mitad de mandato en 2010.
El candidato republicano John McCain reprochó a Obama durante la campaña su posición política "más izquierdista que nunca" en la historia de Estados Unidos, y advirtió que el demócrata sería más radical que Carter y que Clinton.
Estos dos predecesores demócratas eran hombres del sur, de las regiones históricamente más conservadoras y, durante sus presidencias, se alejaron de la ideología tradicional de la izquierda estadounidense.
"La era del Estado todopoderoso ya se terminó", había declarado Clinton tras el fracaso del plan de seguro de salud.
Si la situación económica no se resuelve, Obama podría "revisar a la baja sus previsiones de gastos", según John Pitney.
Para Andrew Taylor, Obama debería gobernar "en el centroderecha, como se anunció, pero él es lo suficientemente pragmático para adaptarse".