Qué tres centrales: Diego Maradona, Joseph Stiglitz y Néstor-Cristina Kirchner. Para los argentinos y muchísima gente más, Maradona fue el mejor del mundo. Es discutible; desde que el Milán en 1954 pagara US$200 mil por el pase del uruguayo Juan Alberto Schiaffino, dando el puntapié inicial al profesionalismo en el futbol (soccer), han pasado muchos grandes: el argentino Alfredo Di Stéfano, el húngaro Ferenc Puskas, el brasileño Pelé, el holandés Johan Cruyff. A todos los vi jugar, y ésa es para mí la media docena, incluido Maradona, de los más grandes.
Quizás Maradona llama más la atención por sus altibajos. En el futbol y en su conducta. Y por supuesto por sus declaraciones y opiniones sobre los más variados tópicos.
Ahora lo acaban de nombrar Director Técnico (DT) de la Selección de Futbol Argentina. La mayoría de los argentinos, según las primeras encuestas, no está de acuerdo. No es que no lo quieran a él, pero no lo apoyan como DT. Es que sus antecedentes como técnico no lo respaldan: con los equipos Mandiyú y Racing, en 23 partidos jugados sólo ganó tres, empató 12 y perdió 8. Además faltaba mucho a los entrenamientos. La polémica quedó entablada y Maradona no la rehúye.
El tema ha desplazado otras noticias, y dicen que los Kirchner están felices por ello. Mientras se habla de Maradona y la selección —la que recién deberá rendir examen en serio en marzo próximo— otros asuntos pasan a segundo plano.
Ciertamente a los Kirchner, empeñados en provocar malas noticias, les vendría bien alguna buena o por lo menos algunas noticias que desviaran la atención de los argentinos cada vez más disgustados con la dupla.
Hasta el ex FMI, Joseph Stiglitz, acaba de hacerle algunas críticas y eso que se le califica como “amigo del gobierno argentino”. Este Premio Nobel, para algunos una especie de Michael Moore (moderado) de la economía, que en alguna medida se ha rebelado contra su pasado en el FMI, es un conferencista y columnista que está de moda y es muy requerido en determinados círculos y países, entre éstos , la Argentina de hoy.
Stiglitz estuvo de visita en Buenos Aires hace unos días y precisamente fue ahí que dijo que la estatización de las administradoras de fondos de pensiones privadas fue un error de la presidenta Cristina Kirchner. Dijo que si a ella “no le gusta el sistema como está, debería haber mejorado el régimen estatal” para que la gente optara y le recordó, por si no lo sabía, que “una parte importante de la democracia es respetar las decisiones de la población”. Criticó, además, la existencia de un índice de precios manejado a voluntad por el Gobierno: “Si no hay confianza en los números, entonces no se sabe qué hacer”, advirtió.
Más que una crítica fue un llamado a la sensatez.
También por estos días hubo por la región una reunión de banqueros españoles. Uno de los participantes me dijo que les preocupa bastante el tema Argentina y me llegó a augurar que el “gobierno de los Kirchner no va a durar”. No le creí mucho: para los banqueros cuando les va mal a ellos, todo es una catástrofe.
Mark Twain, decía, “un banquero es un tipo que te presta un paraguas cuando hay sol y te pide que se lo devuelvas cuando llueve y además te exige que le pagues un interés”.
Por eso es que me parece que mi informante exageró. Aunque no es él ni sólo los banqueros los que lo dicen.