Barack Obama se convirtió ayer en el primer Presidente afroamericano de EE.UU., pero también es el primer candidato en ganar las elecciones con un “landslide”, una mayoría abrumadora en la jerga electoral estadounidense, desde 1996.El demócrata necesitaba 270 votos electorales para ganar las elecciones presidenciales, un listón que superó con un amplio margen, al lograr un total, a falta de que termine el recuento en algunos Estados, de al menos 338 votos electorales, frente a 156 de su rival John McCain.
Obama es así el primer candidato en lograr una victoria tan abrumadora desde que Bill Clinton derrotó a Bob Dole en 1996 con 379 votos electorales frente a 159 de su rival.
El nuevo mandatario estadounidense ha cumplido con las expectativas de aquellos analistas que predecían que Obama iba a conseguir la Presidencia con un “landslide”, un término que significa algo así como “ganar por goleada”.
En las complejas elecciones estadounidenses se utiliza este término cuando un candidato barre en la mayor parte del país, como le ocurrió a Ronald Reagan en 1984 o a Franklin D. Roosevelt (1933-1945) en las cuatro elecciones a las que se presentó.
Sin embargo, no existe una cifra que defina cuántos votos electorales son necesarios para conseguir un “landslide”.
Ed Rollins, que ayudó a Reagan a conseguir hace 24 años una victoria de 525 votos electorales sobre los 13 de Walter Mondale, considera que un candidato gana por abrumadora mayoría “siempre que consiga más de 300 o 320 votos electorales”.
Por su parte Gerald Hill, autor junto a Kathleen Thompson Hill de un diccionario sobre la política estadounidense, explica que “normalmente significa que (el voto) excede todas las expectativas y que es, de alguna manera, abrumador”.
El término “landslide” se comenzó a utilizar en 1838 en casos de desastres naturales, pero los periodistas lo aplicaron pocos años más tarde al contexto político, según el columnista político William Safire, que resalta que, en definitiva, significa una “victoria sonora; una en la que la oposición queda enterrada”.
Otros afirman que el candidato perdedor es claramente víctima de un “landslide” de su rival cuando no logra más de 100 votos electorales.
Bajo estas definiciones, también se podrían incluir en esta categoría el triunfo de Theodore Roosevelt en 1904 sobre Alton Parker, con 336 votos electorales frente a 140; la de Woodrow Wilson sobre Roosevelt y William Taft en 1912 (435-96); la de Warren Harding sobre James Cox en 1920 (404-127).
Por su parte, se clasifican para el grupo de presidentes que han logrado una victoria por goleada, Herbert Hoover, quien derrotó con 444 votos electorales frente a 87 a Alfred Smith en 1928; Lyndon Johnson, quien, con el acertado apodo de “avalancha Lyndon”, triunfó sobre Barry Goldwater en 1964 con 486 frente a 52 votos.
Por último, cabe destacar la victoria de Richard Nixon sobre George McGovern en 1972, ya que enterró las aspiraciones de su rival con 520 votos electorales frente a tan sólo 17 de su contrincante.
La elección presidencial en EE.UU. no es directa, sino que quien nombra al mandatario es el Colegio Electoral, en el que hay 538 votos electorales.
A cada Estado, y al Distrito de Columbia, se le adjudica un número de votos electorales, según el tamaño de su población.
El ganador en cada Estado, por pequeña que sea la diferencia, se lleva todos los votos electorales de ese territorio.
Las dos únicas excepciones son los Estados de Maine y Nebraska, donde dos de los votos electorales van al ganador y otros tres se distribuyen entre el que haya ganado cada uno de los tres distritos en que se dividen ambos Estados.
Para proclamarse Presidente, un candidato necesita hacerse con 270 del total de 538 votos electorales.
EL DISCURSO DEL TRIUNFO
El Presidente electo de Estados Unidos dijo que su elección es “la respuesta” a las peticiones de muchos y que representa que “el cambio ha llegado” a Estados Unidos.
“El sueño de esta nación está vivo”, dijo Obama.
Obama compareció a las 5 GMT (11 de la noche en Nicaragua) ante decenas de miles de personas congregadas en el Parque Grant, de Chicago, poco después que el candidato republicano a la Presidencia, el senador John McCain, aceptara su derrota.
En los primeros minutos de su discurso Obama afirmó que con su victoria los estadounidenses “han enviado un mensaje a todo el mundo. Que no somos una colección de Estados rojos (republicanos) o azules (demócratas). Somos y siempre seremos los Estados Unidos de América”.
El senador por Illinois, que el 20 de enero se convertirá en el primer Presidente negro del país, en sus primeros instantes ante el pueblo estadounidense tras su victoria agradeció a su esposa e hijas su apoyo y declaró que echa de menos a su abuela, que murió ayer lunes.
Mientras, 70,000 gargantas congregadas en las cercanías del estrado desde el que hablaba cantaban el lema de la campaña “Sí podemos”, Obama afirmó que “esta victoria os pertenece a vosotros”.
“No empezamos con mucho dinero o apoyos. Esta victoria se edificó con gente normal y corriente que dio lo que pudo. Esta es vuestra victoria”, exclamó.
Obama, que apareció tranquilo y relajado tras una campaña electoral que para muchos parecía eterna, no vaciló una sola vez durante sus 16 minutos de discurso.
El senador recordó las dificultades a las que se enfrenta el país, envuelto “en la crisis financiera más grave de hace un siglo”, ni los estadounidenses que están desplegados en Irak y Afganistán.
Obama terminó su discurso acompañado por el Vicepresidente electo, Joe Biden, y con el tradicional: “Que Dios bendiga a Estados Unidos”.
Instantes después, las familias de los dos candidatos ya elegidos, subieron al estrado. Chicago era una auténtica y emocionante fiesta.
De esta forma, Obama logró arrebatar con firmeza la Casa Blanca a los republicanos y pasar a la historia como el primer Presidente negro de Estados Unidos, un hito largamente anhelado por los 35 millones de afroamericanos del país.
Al cumplirse el 40 aniversario del asesinato de Martin Luther King, el senador de Illinois colmó el sueño del reverendo, que desencadenó la lucha por los derechos civiles con sus aspiraciones de lograr un país donde no se juzgara a la gente por el color de su piel, sino por su carácter.
Obama, de 47 años, logró además acabar con la última barrera racial que existía en un país donde, hace 143 años, hubiera sido un esclavo.
Exultantes, pero emocionados, los afroamericanos salieron a las calles del país para celebrar la victoria.