publicidad
Managua
05:45 am
05.11.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Editorial
Aún hay tiempo
publicidad

Al gran general y estadista romano Julio César (102-44 antes de Cristo), quien con malévola habilidad atizó la división entre las díscolas tribus galas para poder someterlas una a una y conquistar todo el extenso territorio de las Galias, se le atribuye la paternidad del principio: “divide y vencerás”.

Pero también de Filipo de Macedonia (382-336 antes de Cristo) se dice que fue el creador de esta fórmula que antes tenía que ver sólo con la guerra y la política, pero ahora se aplica hasta en las ciencias matemáticas y de la computación. Y todavía otros historiadores aseguran que el principio de divide para vencer fue idea de una reina francesa llamada Catalina de Médicis (1519-1589 después de Cristo), o de Luis XI de Francia (1423-1483), o de Nicolás Maquiavelo (1467-1527), el genio florentino que es considerado como el padre de la ciencia y el arte político del mundo moderno.

Como sea, la fórmula perversa de dividir para vencer ha sido aplicada siempre por los caudillos políticos y guerreros más inescrupulosos, incluyendo al caudillo populista Daniel Ortega en Nicaragua. En efecto, Ortega y el Frente Sandinista se mantuvieron en el poder durante los años ochenta, en una buena medida por la división de sus opositores políticos y armados que la misma dictadura atizaba. Fue por la división que provocó entre los liberales y demócratas en general, que Ortega pudo volver al poder en enero de 2007. Y provocando la división de sus adversarios Ortega ha querido ganar las elecciones municipales del próximo domingo, las que pretende usar como trampolín para lanzar la radicalización del nuevo proyecto “revolucionario”, que en realidad no sería más que una burda dictadura personal y familiar de corte neosomocista.

Es obvio que Daniel Ortega quiere compensar su falta de respaldo popular mayoritario —pues fue elegido con apenas el 38 por ciento de los votos y a estas alturas tiene mucho menos aceptación ciudadana—, con la división de sus adversarios, que le permite pactar con algunos, sobornar a otros y reprimir, marginar o ningunear a los demás. Por eso fue que despojaron a Eduardo Montealegre de su partido Alianza Liberal Nicaragüense (ALN) y se lo entregaron a testaferros del orteguismo. El objetivo era confundir y dividir a las fuerzas liberales en particular y a la población democrática en general, a fin de asegurar la victoria de los candidatos del orteguismo en las elecciones municipales.

Sin embargo, los imperialistas y dictadores, romanos y de todos los tiempos, sólo pueden lograr su avieso propósito de dividir a los pueblos para dominarlos, cuando éstos por la razón que sea permiten que los engañen y los dividan. Y precisamente por eso mismo, cuando la gente se da cuenta de que la han dividido para someterla, se une para sacudirse de encima a los dictadores y opresores de toda laya. Así ocurrió cuando el pueblo nicaragüense derribó violentamente a la dictadura somocista, en 1979. Volvió a ocurrir en 1990, cuando la mayoría democrática de la población derrotó de manera cívica, mediante el voto, a Daniel Ortega y su dictadura sandinista. Y está ocurriendo de nuevo ahora que la gran mayoría de la población se moviliza para votar en la casilla utilitaria del PLC, la número uno, que por ahora es el único medio para rechazar el plan de Ortega de restaurar la dictadura.

El Movimiento Renovador Sandinista y el Partido Conservador han llamado a votar en la casilla uno. En unos veinte municipios los candidatos de ALN han renunciado para unirse a la alianza del PLC. Pero deberían ser muchos más. La verdad es que si la Alianza PLC y toda la ALN unieran sus fuerzas y llamaran a votar en la casilla UNO, así como lo han hecho los MRS, conservadores y socialcristianos que están participando con firmeza patriótica en la nueva gran unidad democrática nacional, al FSLN se le podría propinar este domingo una fenomenal paliza política y electoral. Y además, en muchos casos se evitaría que la estrechez en la diferencia de votos entre las casillas uno y dos, pudiera facilitar el fraude electoral.

En los municipios donde ALN aún está dividiendo el voto democrático y facilitando el triunfo orteguista, está a tiempo de retirarse, de llamar a votar en la casilla uno para asegurar la victoria de la democracia y la libertad. Así podría merecer el reconocimiento del pueblo y de la historia y ojalá que tuvieran conciencia y valor democrático para hacerlo.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda