Las encuestas dan como ganador de la elección estadounidense al senador Barack Obama. ¿Cuál será su enfoque hacia América Latina, una vez en la Casa Blanca?
Durante los ocho años de Bush, América Latina ha estado rezagada en la agenda de prioridades del Gobierno de Estados Unidos, lo que ha traído como resultado el debilitamiento de su influencia en la región, así como una falta de confianza de los latinoamericanos hacia el país del norte. La falta de atención de Washington ha abierto un espacio al diálogo intrarregional, que ha dado pie a la creación de iniciativas como el Banco del Sur y Unasur (Unión de Naciones Suramericanas).
Asimismo América Latina ha sido la gran ausente en los debates presidenciales debido a que la profunda crisis económica que se vive en Estados Unidos ha centrado la atención de los candidatos, los entrevistadores y el público en general. Seguramente, esta situación no va a cambiar, y Latinoamérica continuará rezagada a un segundo plano.
A la hora de proteger los intereses nacionales, es lógico que el gobierno en Washington se enfoque en resolver los problemas internos, que en el caso de la economía, afectan directamente no sólo a los ciudadanos, sino al proceso de formulación de la política exterior. En este contexto, los demócratas han sido tradicionalmente más proteccionistas que los republicanos, y es de esperarse que un gobierno de Obama tienda precisamente a mirar hacia adentro.
Esto quiere decir que un gobierno demócrata será más cauteloso frente al tema del libre comercio, y tendrá más en cuenta los intereses laborales nacionales. Probablemente, a la hora de tener que aprobar los acuerdos pendientes, como el de Colombia, se requiera volver sobre temas como los derechos humanos y las medidas ambientalistas.
Asimismo, con los problemas económicos que vive Estados Unidos, sumado a sus compromisos en Irak, es poco probable que la asistencia hacia América Latina se incremente, a pesar de promesas electorales de establecer una Nueva Alianza para las Américas que implicaría la creación de un nuevo modelo de cooperación a la región.
Los montos de asistencia económica probablemente se mantengan en sus actuales niveles bajos y algunas iniciativas, como la Cuenta del Milenio, sufran recortes significativos.
Sin embargo, el cambio en la Casa Blanca podría traer nuevos vientos en las relaciones con América Latina.
La visión más abierta de Barack Obama, podría ser refrescante y positiva para las relaciones de Estados Unidos con Latinoamérica. Uno de los principales retos del próximo Presidente es construir un diálogo más constructivo con algunos países de la región.
El sólo hecho de que Obama haya afirmado que estaría dispuesto a sentarse a conversar con el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, o a revisar la política de viajes de los cubano-americanos a Cuba, rompe con el viejo y desgastado esquema de la Guerra Fría de definir las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo entre amigos y enemigos.
Asimismo, Obama podría tener una importante oportunidad para probar un nuevo enfoque con Bolivia, país con el que están congeladas las relaciones tanto por lo que Washington considera como el mal comportamiento del gobierno de Evo Morales en la lucha contra el narcotráfico, como por las improbadas acusaciones de que Estados Unidos conspiró para derrocar al mandatario.
Lo que sí es probable es que un nuevo aire de los demócratas en Washington traería esperanzas a América Latina de retomar un diálogo prácticamente inexistente durante los últimos ocho años.