El mismo partido Frente Sandinista (FSLN) se ha encargado de convencer a los nicaragüenses de que las elecciones municipales del próximo domingo serán para decidir entre democracia y dictadura.
Estos comicios, por tradición más importantes para el entorno local, donde los ciudadanos suelen anteponer los problemas de su comunidad, adquirieron trascendencia política nacional porque se han puesto en juego las libertades de todos los nicaragüenses.
El presidente Daniel Ortega está empeñado en perseguir, y agredir si puede, a sus críticos y a quienes traten de actuar con independencia.
Ortega comenzó con el acoso a medios de comunicación independientes y después se dedicó a eliminar organizaciones políticas que le harían contrapeso en las elecciones municipales, desató la persecución contra organismos no gubernamentales, garantizó que la gente de su partido controlara los centros de votación y cerró las puertas a la observación electoral.
Mientras el Presidente aprieta las tenazas institucionales contra los críticos y opositores, mandando a la Fiscalía a que los investigue, a la Policía a que allane sus oficinas en busca de pruebas del “complot” político y a los jueces a que les dicten condenas absurdas, los grupos fanatizados del partido FSLN aumentan la violencia en las calles para impedir que nadie, excepto ellos, puedan manifestarse y expresar con libertad sus opiniones.
Los líderes del gobernante FSLN pasaron pronto de las amenazas a los garrotazos. Vimos en la ciudad de León, el 20 de septiembre, cómo una turba de orteguistas se abalanzó con saña contra ciudadanos que intentaban hacer una marcha de protesta al régimen.
Dos semanas después un grupo de jóvenes del Movimiento No (a la dictadura), que protestaba pacíficamente frente al canal de televisión oficialista, fue agredido con salvajismo por otra turba orteguista, sin que en ninguno de los dos casos interviniera la Policía para castigar a los agresores.
Cuanto más cerca están las elecciones municipales del 9 de noviembre, mayor es la violencia del FSLN contra sus adversarios, lo que se ha convertido en la señal más clara de que Daniel Ortega quiere imponer a sus candidatos por la fuerza, creando miedo. Su mensaje es: quien está conmigo está seguro, quien se me opone puede sufrir lo peor.
Otra turba del FSLN irrumpió en la Universidad Centroamericana (UCA) la semana pasada, queriendo forzar a los estudiantes del centro jesuita a darles apoyo, y al no conseguirlo, la emprendieron con ofensas y golpes contra los jóvenes que les pedían retirarse.
Dos días más tarde agredieron con puñales y piedras a tres simpatizantes del candidato opositor en Managua, Eduardo Montealegre, cuando pasaban por una de las tantas rotondas de la capital tomadas desde hace meses por las turbas orteguistas para amedrentar.
Si eso no es engendro de dictadura, ¿qué es? ¿Despotismo, tiranía? Ni el FSLN puede negar esa amenaza, si con sus acciones la ha confirmado. Con razón, cada día más ciudadanos tienen miedo y también deseos de recuperar la democracia, y ésta depende ahora de su próximo voto.