A comienzos de los años noventa, el inolvidable poeta Pablo Antonio Cuadra escribió un editorial en el Diario LA PRENSA, titulado “El degollamiento de los inocentes”, donde denunciaba un despiadado bombardeo del tristemente célebre EPS, en contra de humildes campesinos en Planes de Guanito, departamento de Nueva Segovia. El editorial de LA PRENSA fue objeto de fuertes críticas de parte del jefe del EPS, general Humberto Ortega, quien acusó ante los tribunales de justicia a don Pablo Antonio por injuriar a esa fuerza militar partidaria. A los pocos días nos personamos en Guanito y El Rosario, el doctor Humberto Castilla, en ese entonces diputado y este servidor, donde constatamos el bombardeo a que habían sido sometidos nuestros hermanos campesinos. Recogimos pruebas de estos hechos, entre ellas fragmentos de cohetes y metralla, así como a mujeres, jóvenes y niños que habían sido objeto de ese ataque aéreo y terrestre, los presentamos ante la Asociación Nicaragüense de Derechos Humanos (ANPDH) en una conferencia de prensa, el resultado fue que el alto mando del EPS tuvo que retirar su acusación en contra de Pablo Antonio Cuadra y el Diario LA PRENSA, admitiendo la veracidad del ataque.
En la actualidad hechos lamentables como esos están casi olvidados, no obstante, otros de una magnitud insospechada, se ciernen sobre el libre pensamiento, la libertad de opinión, asociación y prensa en Nicaragua, ya no son helicópteros soviéticos los que amenazan y bombardean aldeas en Nicaragua, ahora se utilizan métodos más sutiles, pero igualmente aterradores, hoy la campaña es en contra de los medios de comunicación independientes, las organizaciones de la sociedad civil, empresarios y hasta diplomáticos acreditados en nuestro país. Los instrumentos son los “tribunales de justicia” que actúan como gorilescos brazos de quienes detentan el poder en este país. La amenaza del poderoso, cambio de forma y el que diga, piense, se organice, comercie o escriba algo que no le gusta al régimen ni al sector minoritario del pacto, lo acusan ante su fiscalía, lo procesan con sus jueces y los condenan con el mayor desparpajo y les niegan hasta el derecho de apelación en los tribunales de ignominia que estamos viviendo los nicaragüenses. Para colmo de males, los empresarios que no paguen coimas y no se sometan a los dictados del régimen, entonces les tiran como perros rabiosos a sus otros instrumentos coercitivos, la DGA, DGI y otros.
Definitivamente en Nicaragua, el régimen pretende degollar todo vestigio de oposición con su largo brazo gansteril, el espectro de sus víctimas está conformado por toda una gama de opositores políticos y no políticos, medios de comunicación, periodistas como los casos de Carlos Guadamuz , Jaime Chamorro, Eduardo Enríquez y últimamente Jaime Arellano. Empresarios grandes, medianos y pequeños, nada escapa al desenfreno e intolerancia de esta maquinaria, que poco a poco va ganando terreno con sus métodos propios de una novela de Mario Puzzo o de Boris Karloff.
Aunque el terror orteguista avanza, también avanza el descontento e indignación a nivel nacional en su contra, pronto nos juntaremos todos para detener esta maquinaria trituradora de humanos nicaragüenses y lo haremos poniéndole seso a las testosteronas y testosteronas a los sesos, de lo contrario nos espera la cárcel o el cementerio.