Un exultante Barack Obama, vestido de finísimos saco y corbata, se subía el miércoles pasado a la tarima del centro BankAtlantic, en Sunrise, Florida, para dirigirse a un auditorio de más de 20 mil personas, muchos de ellos hispanos, para con un emotivo y poético discurso pedirles su voto y el “cambio para los Estados Unidos”.
“En seis días —dijo Obama— podemos elegir la esperanza sobre el temor, la unidad sobre la división, las promesas de cambio sobre el poder y el status quo. En seis días podemos avanzar juntos como una sola nación, una sola población y una vez más elegir nuestra mejor historia. No será fácil. No será rápido. Pero usted y yo sabemos que nosotros podemos avanzar juntos y cambiar este país”, concluyó Obama arrancando aplausos y silbidos a una multitud que, literalmente, se había echado en la bolsa.
La semana pasada John McCain y Barack Obama se habían trasladado al sur de la Florida para conquistar un voto que se ha hecho crucial en el proceso electoral estadounidense. Los hispanos son la minoría racial de mayor crecimiento en Estados Unidos, suman 46 millones de personas, el 15 por ciento de la población de este inmenso país. En estas elecciones, según las encuestas, hay más de nueve millones de electores hispanos dispuestos a decidir su futuro en las urnas. Un voto, afirman los estudios, que se decanta en su gran mayoría (66 por ciento según el Centro Hispano Pew) por el demócrata que con ingenio ha sabido usar su historia personal y su arte discursivo para conquistar al electorado. No de menos la Premio Nobel de Literatura estadounidense, Toni Morrison, dijo que Obama “es un poeta”.
El fin de semana pasado el influyente diario español El País afirmaba que los hispanos tienen la llave de la Casa Blanca, por ser un voto fundamental en los resultados de las elecciones estadounidenses. De ahí la importancia que tienen en esta contienda estados como Florida, donde este grupo representa el 14 por ciento del electorado.
Fue en este estado donde George W. Bush arrasó en las elecciones generales de 2004. Pero ahora, irónicamente por el mismo Bush, el republicano John McCain no las tiene todas consigo y corre contrarreloj para ganarse a un votante decepcionado por ocho años de políticas conservadoras que han terminado arrebatándole su empleo, casa y diezmando sus ahorros. Obama sabe conectar con este electorado, a tal punto que grabó un anuncio en español para atraer el voto de ese segmento.
“Sé que mi oponente está preocupado por perder una elección, pero yo estoy preocupado porque los estadounidenses están perdiendo sus hogares, sus puestos de trabajo, y sus ahorros de toda la vida”, dijo el miércoles Obama en Sunrise. “Estoy preocupado por la clase media. Y yo no sólo lucho por su voto en los últimos días de la elección, voy a luchar por ustedes cada día que esté en la Casa Blanca”, concluyó el candidato demócrata.
En Florida, el 42 por ciento de los votantes hispanos expresó su preferencia por Obama, y el 42 por ciento por McCain, según una encuesta realizada en agosto pasado por la empresa Bendixen, con sede en Miami (Florida), y difundida por la agencia EFE. Bendixen entrevistó a 2,000 personas en Florida, Colorado, Nuevo México y Nevada entre el 6 y el 14 de agosto.
La encuesta del Centro Hispano Pew, por su parte, muestra que el 66 por ciento de los hispanos a nivel nacional favorecerá a Obama, frente a un 23 por ciento que apoya a McCain.
“George W. Bush ha sido la parte más difícil para McCain. Él no ha podido divorciarse de las políticas de Bush”, dice por teléfono Iván Taylor, periodista de la cadena Telemundo.
El mismo McCain parece resignado al avance de su oponente. El miércoles por la mañana se limitó a decir que “el 4 de noviembre vamos a ganar el estado de Florida” en un mitin realizado en Everglades Lumber, en Miami, donde se reunieron alrededor de 1,000 personas, una cantidad ínfima si se compara a las 20 mil que abarrotaron el mitin de Obama, con gente, según los medios, que se mantuvo de pie y hasta fuera del recinto para escuchar al senador afroamericano.
“McCain lucha para evitar la catástrofe”, afirmaba El País el jueves. McCain se había trasladado hasta Carolina del Norte, bastión conservador y el estado con mayor población militar de toda la Unión, como última estrategia para evitar la derrota.
“Ver a John McCain hacer campaña en Carolina del Norte, un reducto conservador que ha votado por un republicano en las últimas siete elecciones presidenciales, es todo un indicador de la desesperación con la que el senador por Arizona pelea en estos últimos días en busca de un milagro o, al menos, de evitar una catástrofe en la noche electoral”, escribía El País, que citaba el discurso que pronunció el senador republicano en su mitin ante tres mil personas en la ciudad de Fayetteville.
“Estamos unos puntos por debajo en las encuestas y los analistas ya nos dan por perdidos. Pero hemos estado antes en esa situación y podemos ganar. Voy a luchar hasta el último momento. Soy un luchador, sé luchar, he luchado por este país desde los 17 años y estoy dispuesto a seguir luchando”, afirmó McCain, a quien el diario español describió con un aspecto “abatido, resignado, incapaz apenas de levantar la voz a lo largo de un discurso que se le hace interminable, como la propia campaña”.
Pero más allá de la guerra entre ambos candidatos para obtener la llave que les abra las puertas de la Casa Blanca, los hispanos van a votar por quien les ofrezca la solución a los principales problemas que los aquejan, y que según la encuesta del Centro Hispano Pew son la educación (93 por ciento de los encuestados), el costo de la vida (92 por ciento), el trabajo (91 por ciento) y el seguro de salud (90 por ciento). Otros encuestados, según el mismo estudio, anteponen el aumento del crimen y la violencia (82 por ciento), la guerra en Irak (75 por ciento) y la inmigración (75 por ciento).
“La prioridad del votante hispano es la economía. No está en la lista de las prioridades una reforma migratoria o la inmigración. Para algunos hispanos que tienen derecho al voto la prioridad es pagar su hipoteca, poder sufragar sus gastos, pagar su carro, pensar que pueden enviar a sus hijos a la universidad. Y no es raro encontrarte con casos de personas que han perdido su empleo o están trabajando más. Creo que ése ha sido el eje que parece darle preferencias a Barack Obama”, explica el periodista Ivan Taylor.
Taylor dice que un aspecto importante que ha ayudado a Obama en las encuestas, es que los hispanos miran al Partido Demócrata más abierto a tratar el tema de la inmigración y más dispuesto a aprobar una reforma migratoria que les favorezca.
“Creen que con los demócratas en la Presidencia sería más fácil lograr políticas que puedan favorecerlos, a pesar de que McCain fue más flexible y quien sí apoyó una reforma migratoria. Los hispanos saben que habría enfrentamientos entre McCain y un Congreso controlado por los demócratas, además que en estos momento McCain se está preocupando por obtener el voto de la ultraderecha, para de esa manera tener un triunfo más sólido el 4 de noviembre”, dice Taylor.
Pero no todos los hispanos apuestan por Obama. La preferencia varía por cuestiones culturales, clase económica, posiciones ideológicas e inclusive el motivo por el que tuvieron que emigrar a los Estados Unidos.
Por ejemplo, los nicaragüenses que llegaron a ese país a finales de década del setenta y durante la de 1980, se decantan por Jonh McCain, “porque son arraigados anticomunistas, que creen que McCain puede tener una postura más firme con los gobiernos de izquierda. Odian a Daniel Ortega, Evo Morales y Hugo Chávez, y consideran que McCain puede ser un líder más fuerte, más decidido”, explica Taylor.
El voto de los hijos de estos exiliados, ahora jóvenes mayores de treinta años, es diferente al de sus padres, porque éstos se interesan más por temas económicos, de sanidad y educación que por posturas políticas.
En el caso de los cubanos la decisión es una cuestión ideológica y de añoranza. Ellos viven en Estados Unidos sin poder viajar a la isla, por lo que su voto se inclina más al lado republicano, que mantiene un discurso más duro que el demócrata sobre el régimen de los hermanos Castro. Muchos esperan que un futuro gobierno invada la isla y termine por la fuerza con la dictadura, mientras otros votarían a Obama esperanzados en que este candidato mantenga relaciones normales con el régimen y puedan entrar y salir sin problemas de la isla.
Y, por supuesto, también está el tema de la raza. “El hispano caribeño, de piel oscura o mestizo, se identifica con Barack Obama porque no lo miran como el hombre blanco que va a estar en la Casa Blanca diciéndoles qué hacer”, en palabras de Taylor.
Independientemente del motivo por el que voten, serán esos nueve millones de hispanos que el próximo martes acudirán a las urnas quienes decidirán el futuro de un país al que llegaron en busca de un sueño. Ellos tienen las llaves de la Casa Blanca y serán ellos quienes decidirán a quién sientan en el Despacho Oval. Serán ellos quienes decidirán entre “las promesas de cambio o el status quo”, que fueron las dos opciones que Barack Obama expuso a aquel auditorio que lo escuchaba extasiado el miércoles en Sunrise, Florida.