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Cuando es pacto y cuando no
Eduardo Enríquez
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A los políticos pactistas, tanto a los sandinistas como a los arnoldistas, les ha agarrado por decir que “sólo cuando el Frente Sandinista y el Partido Liberal Constitucionalista se ponen de acuerdo, entonces es pacto, si se ponen de acuerdo otros, entonces no”.

A pesar de sonar a razonamiento de niño malcriado, a que se están haciendo “los de a peso” y a que nos quieren dar atol con el dedo, porque perfectamente saben que ésa no es la diferencia, yo voy a “agarrar la vara” y les voy a decir cuándo es pacto y cuándo no.

Primero, es cierto que hacer pacto no es exclusivo de ellos. Cualquier político sinvergüenza ha hecho y puede hacer un pacto. Pero lo que lo define no es que dos bandos se pongan de acuerdo en algo.

Estos políticos pactistas tienen razón cuando dicen que “la política es negociación”, pero para que aquí en Nicaragua un acuerdo entre políticos sea calificado con el ya peyorativo término de “pacto”, éste tiene que satisfacer única y exclusivamente intereses personales o políticos de los pactistas, y nada más.

Claro que todos los políticos en todos los países negocian. Y en los países donde las democracias son más avanzadas ya las diferencias entre los partidos rivales no son abismales, sino más bien muy sutiles, pues ya toda la sociedad se ha puesto de acuerdo en los grandes temas.

Un ejemplo simple de una negociación decente puede ser que el diputado liberal por León apoye incluir en el Presupuesto el proyecto de reconstrucción del antiguo hospital de Granada a cambio de que el diputado sandinista de Granada apoye incluir en el Presupuesto la creación de un instituto técnico en León.

De esta hipotética negociación van a salir beneficiados el pueblo de Granada y el pueblo de León.

Un ejemplo de pacto, sin embargo, es lo que estamos viendo ahorita para la elección de magistrados a la Corte Suprema de Justicia, un acuerdo en el que nadie más que ellos dos eligen a los candidatos que les conviene y se reparten los cargos 50-50, sin que el uno pueda vetar al otro.

Es por eso que el caudillo Arnoldo Alemán puede proponer como magistrado a su abogado defensor y el caudillo Daniel Ortega puede proponer a la juez que lo libró de toda culpa ante las acusaciones de su hijastra.

De este pacto sólo salen beneficiados los caudillos y sus cúpulas.

Para seguir con el ejemplo de los magistrados, algunos diputados han llegado al cinismo de decir que como a ellos los eligieron y tienen los números que se requiere, ellos eligen a quien les da la gana y que si los magistrados son obedientes a los caudillos (fíjense el nivel al que hemos llegado, que ya ni se ocupan en negarlo), eso se debe a que el período de los magistrados es muy corto y que más bien deberían ser vitalicios.

Como que si la entereza dependiera de la cantidad de días que uno tiene garantizados en un puesto de trabajo. Y como que si no fuera suficiente daño tenerlos allí cinco años, que ya quieren quedarse eternamente.

La política es negociación, e incluso en estos casos es lógico pensar que la bancada liberal quiera a un abogado de ideología liberal y los sandinistas a un abogado de ideología sandinista; pero, por favor señores pactistas, no se hagan los dundos ni crean que nosotros somos, eso no significa elegir a un empleado de los caudillos, sino todo lo contrario.

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