¡Oíd, hijos; reconoced la voz de vuestra madre!”. (Hécuba, según Eurípides en su tragedia Las Troyanas).
En el culto católico la Madre Dolorosa es una impresionante imagen de la Virgen María que refleja en su semblante el tremendo dolor que sufre por la pérdida de su Hijo, Jesús. Esta venerada imagen es llevada en procesión por los fieles católicos, todos los años, el sábado de la Semana Santa.
Pero el concepto de Mater Dolorosa es anterior a la cristianización de Roma y al culto a la Virgen María. Mater Dolorosa fue el epíteto que los antiguos romanos le dieron a Hekabe (mejor conocida por su nombre latino Hécuba), la legendaria esposa de Príamo, rey de Troya, porque ella era el símbolo de la madre que sufre en extremo por la pérdida de sus hijos.
Hécuba era hija de Dimante, rey de Frigia, también, como Troya, situada en el Asia Menor donde ahora es Turquía. Hécuba se casó con Príamo y se convirtió así en reina de Troya. Fue madre de Héctor, el jefe del ejército troyano que resistió durante diez años el asedio de los griegos; de París, el raptor de Helena, la mujer más bella del mundo, esposa de Menelao y por lo tanto reina de Esparta, hecho que motivó la guerra de Troya; de Casandra, la princesa consagrada al sacerdocio virginal de Apolo, quien le concedió el don de la adivinación pero al mismo tiempo la condenó a no ser creída en sus profecías, porque no quiso ser su amante; y de 16 hijos más, para sumar 19, que en total fueron 50 contando todos los que tuvo Príamo en su matrimonio anterior y a los que ella amó con devoción, como si hubieran nacido de sus propias entrañas.
Todos los hijos de Hécuba murieron trágicamente mientras ella vivía, y tuvo que ver morir trágicamente a Héctor, el mayor, a quien Aquiles mató en combate y luego profanó su cadáver arrastrándolo frente a las murallas de Troya ante la mirada adolorida de su madre; y Polixena, la menor de las hijas mujeres que fue inmolada por los griegos porque así lo exigió la sombra (el fantasma) de Aquiles.
Cuando Troya fue arrasada los griegos se distribuyeron las mujeres troyanas para hacerlas sus esclavas sexuales o domésticas. A Odiseo o Ulises le tocó Hécuba, a quien encontró llorando entre las tumbas de sus hijos.
Poco tiempo después de haber emprendido el largo viaje de regreso a la isla de Itaca, su patria, Odiseo se detuvo en las playas de Tracia. Allí Hécuba supo que Polidoro, su hijo menor que había sido enviado a Tracia para que lo cuidara el rey Polimnester mientras duraba la guerra de Troya, junto con un rico tesoro para asegurar su futuro en el caso de que sus padres murieran, había sido asesinado por su tutor para apoderarse del tesoro troyano.
Con engaño Hécuba hizo llegar a Polimnester hasta la tienda en la que acampaba. Allí las troyanas que acompañaban a la antigua reina de Troya mataron a los dos pequeños hijos de Polimnester que andaban con él, mientras Hécuba se lanzaba contra el asesino de su hijo y le arrancó los ojos con las uñas.
Hécuba fue condenada a morir lapidada. Pero cuenta la leyenda que cuando comenzaron a arrojar las piedras contra su cuerpo y cabeza, ella fue convertida por los dioses en una perra que huyó aullando de dolor, pero no por los golpes de las pedradas sino por la pérdida de sus hijos.