A propósito del Día de la Madre hoy 30 de mayo, quisiera referirme al tema de las migraciones de centenares de mujeres hacia Costa Rica, El Salvador, Panamá y Estados Unidos, las que dejan a los hijos en poder de los familiares, para poder darles el pan de cada día a esos menores que trajeron a este mundo.
Hace cuatro años trabajé en un programa radial llamado Puente Familiar, lo que me obligaba a viajar dos veces al mesa Costa Rica, donde me encontraba con historias desgarradoras. Una vez, una madre que vendía elotes asados y cocidos en La Carpio, en San José, Costa Rica, me dijo llorando que había dejado por necesidad a sus niños bajo el cuidado de su mamá, pero cada día se levantaba pensando en ellos. Igual le pasaba en las noches y los encomendaba a Dios para que nada malo les pasara. Otra madre, camarera de un hotel en San José, me decía llorando que dejó tres hijos, incluso una niña de 4 meses, y que le dolía hasta los huesos al acordarse de ellos.
Cada mamá que emigra tiene una historia triste que contar. Cada vez que hacía estas entrevistas lloraba junto a las entrevistadas al ver el profundo dolor que sentían por la lejanía de sus hijos.
En Estados Unidos me pasaba igual. Entrevistaba a madres y una de ellas me contó que recién llegada a ese país, por el dolor de dejar a sus hijos perdió peso y botó el pelo, pagó un tratamiento sicológico y a la fecha lleva un marcapaso porque su corazón no le funciona bien. El Día de la Madre, la Navidad y el Año Nuevo son fechas terribles para estas bellas damas que dieron a luz a sus menores.
Me cuentan muchas de ellas que sus hijos han tomado caminos incorrectos. Una me decía: “Tal vez le he dado bienes materiales, pero la dirección de la madre en el hogar es indispensable, me siento culpable por no estar con ellos”.
Coincido totalmente con la Carta Pastoral del Obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Jorge Solórzano, quien dice: “Me solidarizo con los inmigrantes, nos duele el hecho de que han tenido que dejar la tierra que les vio nacer, la cultura que les abrazó. Les agradecemos el sacrificio que con dolor han realizado y siguen realizando. Exhortamos a sus familiares a hacer buen uso de las remesas familiares, recordando que cada aporte venido del extranjero lleva consigo dolor, sufrimiento”.
El alto prelado católico también expreso ensu Carta Pastoral, que una sociedad con altos índices de desempleo tiende a perder la razón y a darse signos tan degradantes como la descomposición social, las migraciones y la apatía, entre otras. “El hombre en estas situaciones tiene la tentación de volverse lobo para el mismo hombre, perdiendo su verdadero sentido religioso, convirtiendo la historia de salvación en proyectos egoístas”.
Considero que las madres que emigran hacia otros países dejando atrás a sus hijos, no hallan la felicidad hasta el reencuentro con ellos y con su patria. Esperanza que la mayoría ya la tiene perdida, dadas las circunstancias que vive nuestra maltratada Nicaragua. Elevo diario mis plegarias al Creador por esas mujeres y madres que no pueden dar un beso o decir buenas noches a sus hijos, encuentren el consuelo en el Señor.
¡Que Dios bendiga a Nicaragua hoy más que nunca!