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Ante la muerte de “Tirofijo”
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El periódico de Colombia, El Tiempo, dijo en su editorial de ayer que con la muerte de Manuel Marulanda Vélez, “Tirofijo”, el principal cabecilla de las FARC, “llega a su término toda una era de la lucha armada marxista en el país. Y la vida de un hombre que será recordado por la inmensa mayoría de los colombianos menos como el Che Guevara que como un caudillo dogmático y sanguinario, responsable de la muerte de miles de compatriotas”.

El mencionado diario de Colombia expresó también que “Tirofijo”, además, “no sale de escena dejando un movimiento rebelde en armas contra un opresor odiado, sino un grupo campesino profundamente narcotizado y criminal, que terminó adoptando las formas de violencia y degradación horrendas de su enemigo paramilitar —masacres, homicidios y ejecuciones sumarias se volvieron moneda corriente en el trato de las FARC a la población civil— y que, en lugar de simbolizar a una insurgencia que lucha por la justicia social, se convirtió en emblema de uno de los crímenes modernos más horrendos y humillantes: el secuestro de seres inocentes para trocarlos por dinero o para el chantaje político”.

Es importante mencionar también que el diario El Tiempo, de Colombia, destacó en su parte informativa el significativo hecho de que el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, es el único gobernante que se ha solidarizado con las FARC ante la muerte de su principal cabecilla. Y que incluso, tal como se informó ayer en Nicaragua, en un mensaje emitido en Montevideo, Uruguay, donde se encontraba participando en una reunión de partidos y movimientos izquierdistas de América Latina y el Caribe, Ortega llamó a las FARC “a seguir batallando para que se alcance la paz (?) en Colombia”.

Daniel Ortega no aclaró si ese llamamiento lo hizo a título personal y como jefe de su partido, el FSLN. De manera que se entendió como que lo hiciera en su calidad de representante de la nación nicaragüense, cual es un atributo que como Presidente de Nicaragua le concede la Constitución Política en el inciso 2 de su artículo 150. Sin embargo, es preciso dejar claramente establecido que en su relación personal y política con un movimiento subversivo y criminal que está fichado internacionalmente como terrorista, cual es el caso de las FARC, Daniel Ortega no puede hablar en nombre de todos los nicaragüenses, quienes más bien en su inmensa mayoría repudian las políticas irresponsables, sectarias y provocadoras que el mandatario nicaragüense practica en el país y a nivel internacional.

Por otro lado, en algunos sectores colombianos e internacionales la muerte de “Tirofijo” ha despertado la esperanza de que podría abrir la puerta para una negociación que permita la pronta liberación de las centenares de personas que permanecen secuestradas por las FARC, ante todo de la emblemática Ingrid Betancourt, y a un acuerdo para alcanzar la paz en Colombia. Y en abono de tales expectativas se menciona que el reemplazo de “Tirofijo” es Alfonso Cano, un supuesto intelectual que estaría más inclinado a la política que a la lucha propiamente militar.

Pero la posibilidad de que los secuestrados por las FARC sean liberados y de que se alcance la paz en Colombia, no puede depender de eso. En realidad, el llamado Alfonso Cano es un criminal tan desalmado y perverso como lo era el fenecido Manuel Marulanda. Cano, cuyo verdadero nombre es Guillermo León Sáenz Vargas, ha sido condenado varias veces, en ausencia, por innumerables crímenes atroces y de lesa humanidad, incluyendo el asesinato de prisioneros enemigos y miembros de las mismas FARC.

Las FARC no luchan por la paz como dice su representante oficioso en Nicaragua, Daniel Ortega. Ni siquiera son un fuerza armada de autodefensa ante un poder opresivo. Las FARC ensangrientan a Colombia porque sus cabecillas quieren conquistar el poder. Y sólo cuando estén completamente persuadidos de su derrota, es que accederán a rendirse o a negociar para abandonar las armas, reintegrarse a la sociedad y luchar por sus objetivos políticos por medios legales, pacíficos, cívicos y democráticos.

En todo caso, a lo que podría contribuir la muerte de “Tirofijo” es a una desmoralización en las filas de las FARC, que obligue pronto a sus cabecillas a reconocer su ineluctable derrota.

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