Sin ser fatalista, pero sí objetivamente realista, veo la situación de Nicaragua sumamente crítica. Estamos en medio de una crisis mundial además de nuestras propias crisis internas. No podemos ante el peligro, como el avestruz, enterrar la cabeza en la tierra para no verlo.
El precio del petróleo seguirá subiendo, no sabemos hasta dónde. Pronto, con todo y los beneficios que se puedan obtener del Alba, ese precio va a llegar a un nivel que se convertirá en un tiro mortal a nuestra economía. Por otra parte, la recesión en Estados Unidos, que es el país que más nos compra, de donde vienen más turistas y desde donde nos llegan las imprescindibles remesas familiares para mantener nuestra economía a flote; esa recesión, digo, va a afectarnos inmensamente. A eso se suma la crisis mundial de alimentos.
Ya el desempleo y la pobreza han aumentado. Están cerrando fábricas de zona franca, muchos negocios van mal y digan lo que digan los economistas de uno u otro lado, se nota que el país está al borde del precipicio. ¡Y va a empeorar!
¿Qué estamos haciendo para enfrentar esta situación? Nada. Vivimos en un permanente bochinche. Peleando, politiqueando y jalando cada cual por su lado. El gobierno metiéndose en pleitos internacionales que en nada ayudan al país; empeñado en imponer algunas cosas que el pueblo rechaza; creando conflictos innecesarios con algunos sectores; y al pueblo no se le dan todas las explicaciones que tiene derecho de recibir.
Los políticos de la oposición usan los diferentes medios de comunicación para un permanente ataque contra el gobierno cargado de apasionamiento, con una crítica más ofensiva que constructiva y tratando cada quien “de llevar agua a su molino”. Además, las baterías no las enfilan sólo contra el gobierno, sino contra los otros grupos opositores. Hay una alianza entre dos sectores liberales que a diario se atacan como enemigos mortales. ¿Qué “alianza” es esa? Todos los grupos se atacan diariamente entre sí. Las descalificaciones y acusaciones son el lenguaje cotidiano.
Nos viene encima una tormenta económica cuyas dimensiones son incalculables, que puede dejarnos en la miseria más grande. Cuando se acerca un huracán los miembros de la familia se unen ante el inminente peligro y para sobrevivir trabajan juntos asegurando reservas de agua y alimentos. Refuerzan el techo, las puertas y las ventanas. Todos unidos se preparan ante el inminente huracán. Si en vez de eso, la familia se dedicara a pelear y a armar bochinches entre ellos, serían totalmente insensatos. ¡Pero eso es lo que estamos haciendo en Nicaragua!
Es hora de que tomemos conciencia de lo que nos espera y nos preparemos para enfrentar esta emergencia que afectará a todo el mundo. No importa que el gobierno al que le toca gobernar ante esta crisis nos guste o no. El gobierno de turno debe convocar a una gran unidad nacional a todos para enfrentar la emergencia (sin tratar, por supuesto, de sacar provecho de la situación). Y la oposición debe también contribuir a la unidad como nación. Lo que está en juego es la sobrevivencia del país. Hay posiciones encontradas, conflictos; pero todos deben ceder algo y flexibilizar sus posiciones buscando acuerdos para salir del atolladero; para así prepararnos todos unidos para el terremoto económico que se nos viene encima. Si no… ¡lo vamos a lamentar!