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Un país al borde del caos
María José Zamora
La autora es sicóloga.
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Ahora que el país está en manos del FSLN, me imagino que muchos de los detractores del gobierno del ingeniero Enrique Bolaños pueden experimentar en carne propia las diferencias abismales y opuestas que en términos económicos, de seguridad y de desarrollo humano, han significado para Nicaragua pasar de un gobernante digno y responsable, honesto y sinceramente comprometido con la Patria, a un gobierno incapaz y ridículo como el actual, que asombra por sus niveles de corrupción, mediocridad e intolerancia a la democracia.

Me complace comprobar que si, lamentablemente, en Nicaragua aún no se diferencia entre lo moral e inmoral, el progreso y el atraso, el desarrollo y el retroceso, la verdad y la mentira, la sensatez y la estupidez, los países cooperantes sí lo saben y no se han equivocado al suspender el aporte económico al Presupuesto General de la República, mientras no se vislumbre un manejo transparente de estos fondos y se respeten los principios democráticos. Opino que no pueden ni deben los países del Primer Mundo destinar el fruto de su trabajo para financiar a un Estado inoperante y corrupto. Le harían daño a Nicaragua si continuaran apoyando a un gobierno que mantiene un supernumerario de diputados, contralores, magistrados en la Corte Suprema de Justicia y en el Consejo Supremo Electoral, así como muchos empleados públicos que están en esos puestos por su filiación partidaria y su fidelidad al caudillo y no por tener vocación de servidor público y mucho menos por su profesionalismo y honestidad.

Si, como hasta el día de hoy, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán pretenden mantener su hegemonía en las instituciones del Estado, colocando a sus allegados, para continuar controlando, chantajeando, amenazando y castigando a los opositores y disidentes partidarios e impidiendo que líderes honestos lleguen al poder y gobiernen en paz, es alentador saber que ya el jueguito se les complicó y que tendrán que buscar dinero en otra parte si quieren seguir viviendo como millonarios en lujosas y hermosas casas y viajando en aviones particulares. Debería de ser una política y una norma establecida entre los países del Primer Mundo, no apoyar a gobiernos corruptos y dictatoriales; donde se coarte la libertad y se violen los derechos humanos.

Estoy ciento por ciento de acuerdo con lo expresado por el señor Werner Hoyer, portavoz de la bancada liberal del parlamento alemán, quien explica la preocupación de este país cooperante por la forma en que el gobierno de Ortega está actuando, entre otras razones por la falta de transparencia en el uso de los fondos de la cooperación, la preponderancia que han adquirido los Consejos del Poder Ciudadano en detrimento del parlamento y la falta de voluntad de continuar la lucha anticorrupción. No puedo pensar en una forma más clara y acertada para describir la manera de proceder de este gobierno que lo que opinó el señor Werner Hoyer, quien de acuerdo a la publicación del diario LA PRENSA, dijo: “En estos días, Ortega está malgastando estos fondos por medio de su estilo de gobierno totalmente absurdo…”

Es doloroso observar cómo un proyecto democrático que, a largo plazo, traería progreso y desarrollo para Nicaragua esté a pocos meses de colapsar. La mayoría se resiste a creer que se repita el caos de los ochenta. Sin embargo, estoy convencida de que, por absurdo e ilógico que parezca, eso es precisamente lo que pretende el presidente Daniel Ortega, respaldado, por supuesto, por algunos de sus amigos del sector privado y por los arnoldistas-somocistas que ostentan importantes cargos en el Estado; todos ellos beneficiarios actuales y futuros de las mieles del poder, aunque esto signifique aniquilar a la clase media y convertir a los pobres en miserables.

Siéntense a esperar quienes aguardan de este gobierno un cambio de rumbo. Mientras tanto, seguirán los mítines políticos cada jueves y domingo, con tarimas rebosantes de flores, los “asistentes” serán trasladados en vehículos de las alcaldías, el Presidente continuará despachando desde la Secretaría del FSLN, seguirá endeudando al país, manejando a su discreción un presupuesto paralelo al Presupuesto nacional y derrochando cientos de miles de dólares en gigantescos rótulos con su imagen para alimentar su insaciable ego.

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