El libro del ex portavoz presidencial Scott McClellan, en el que acusa a la Casa Blanca de inducir al engaño sobre Irak, ha sorprendido en EE.UU. porque nadie esperaba una crítica tan dura del antaño leal colaborador.
El volumen de memorias, Lo que pasó: Dentro de la Casa Blanca de Bush y la mentalidad del engaño en Washington, saldrá la semana que viene, pero ya se han difundido extractos que revelan un tono amargo poco habitual en este tipo de libros.
Entre sus acusaciones, McClellan asegura que cuando se avecinaba la guerra en Irak, la Casa Blanca tomó “la decisión de alejarse de la franqueza y de la honestidad en el momento en el que esas cualidades eran más necesarias”.
En su lugar, el Gobierno optó por basarse en “una campaña de propaganda política” y no en la verdad para persuadir de la necesidad de la invasión, asegura el ex portavoz.
El modo en el que se presentó la situación “prácticamente garantizaba que el uso de la fuerza acabaría siendo la única opción posible”, denuncia.
“Nadie, ni yo tampoco, puede saber con total certeza cómo se verá la guerra dentro de unas décadas, cuando entendamos mejor su impacto. Lo que sí sabemos es que la guerra sólo se debería librar cuando es necesaria, y la guerra de Irak no era necesaria”, admite.
El portavoz no escatima reproches a los periodistas acreditados ante la Casa Blanca, a los que acusa de no haber sido lo suficientemente críticos: “Los fallos en los argumentos para ir a la guerra, que se hicieron evidentes meses después de la invasión, no debieron haber causado tal sorpresa”, denuncia.
McClellan también entona un “mea culpa” al admitir que buena parte de sus declaraciones en las ruedas de prensa diarias resultaron ser “muy erróneas”.
Tampoco se libra de las censuras la reacción de la Casa Blanca tras el huracán Katrina, en 2006: “Se pasó la primera semana sin querer reconocer lo que estaba pasando”.
Algunas de las palabras más duras se reservan para los asesores políticos Karl Rove y Scooter Libby, de los que sugiere que “como poco, me engañaron” sobre su papel en el llamado “escándalo Plame”, la filtración a la prensa del nombre de una agente de la CIA.
McClellan describe a Bush como “auténtico” y “sincero”, pero también como alguien poco dispuesto a admitir errores. El libro, que contiene títulos de capítulos como “Revelación y Humillación”, ha causado sorpresa debido a la larga relación entre McClellan y Bush.