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El reconocimiento de Antenor Rosales
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El presidente del Banco Central de Nicaragua, Antenor Rosales, ha reconocido públicamente que es necesario gobernar el país con sentido de responsabilidad y transparencia, para enfrentar adecuadamente los graves problemas nacionales y tener mejores posibilidades de resolverlos.

“En el mundo actual no puede existir el secretismo”, dijo el presidente del Banco Central, el viernes de la semana pasada, al hablar ante los representantes de los países donantes que forman parte del Grupo de Apoyo Presupuestario, para solicitar un financiamiento extraordinario de 20.6 millones de dólares que serían destinados a “ apoyar al sector productivo en el ciclo 2008-2009”. Tal como se informó en esa misma oportunidad, los países que apoyan el deficitario Presupuesto de Nicaragua han asignado este año una contribución de 108 millones de dólares, que ascendería a 128 millones si atendieran la petición del gobierno de Daniel Ortega.

Para seducir a los donantes del Grupo de Apoyo Presupuestario, el presidente del Banco Central dijo estar convencido de que se debe aplicar una sana política salarial como parte de la estrategia gubernamental antiinflacionaria, y reconoció que para poder distribuir riqueza primero hay que producirla. Es muy importante este concepto del presidente sandinista del Banco Central de Nicaragua, porque contradice de plano el criterio populista de que la riqueza existe por sí sola y que únicamente hace falta distribuirla por medio de políticas estatales socialistas; con lo cual, lo que se hace es condenar a la gente a una mayor desigualdad social y más pobreza .

En esa misma exposición ante los donantes del Grupo de Apoyo al Presupuesto, el presidente del Banco Central criticó indirectamente la falta de transparencia en el gobierno de Daniel Ortega —que es su propio gobierno—, la cual molesta a la comunidad democrática internacional aunque sus representantes por razones diplomáticas se abstienen de criticar públicamente esta desviación del régimen sandinista. Según el presidente del Banco Central, el Gobierno debe “invitar a los medios de comunicación social no para que digan lo que nosotros queramos, sino para que ellos digan lo que ellos ven”; porque, aseguró el alto funcionario, “si no es con la comprensión clara de que el problema inflacionario y las políticas antiinflacionarias son de orden nacional, los resultados no van a ser los que esperamos”.

Sin embargo, lo que el presidente del Banco Central hizo ese día con la mano derecha ante los representantes del grupo de países donantes para el Presupuesto General de la República, lo deshizo el presidente Daniel Ortega con su mano siniestra, ese mismo día en un mitin político que celebró en San Ramón, Matagalpa, y al día siguiente en un discurso que pronunció en Montevideo, Uruguay. En ambos lugares Ortega despotricó contra “el capitalismo global”, o sea contra los países desarrollados y ricos de los que su mismo gobierno recibe ayuda económica, e incluso quiere recibir más, pues les está pidiendo 60 millones de dólares adicionales supuestamente para financiar el ciclo agrícola de este año.

A juzgar por los discursos contradictorios del presidente del Banco Central y del presidente Ortega, pareciera que hay dos líneas de gobierno en Nicaragua: una de sensatez y responsabilidad, que no sólo trata de conseguir apoyo económico externo de diversas fuentes sino que comprende la necesidad de gobernar con transparencia y sentido de nación; y la otra línea, de una política gubernamental irresponsable y sectaria que arremete ciegamente contra todos los que no comparten su visión del mundo, incluso contra los países que ayudan a Nicaragua.

Algunas personas consideran que en realidad el Gobierno tiene una sola política, pero la maneja con dos discursos. Uno para engañar a los representantes de los países democráticos, desarrollados y ricos a fin de que le sigan dando y le aumenten las donaciones; y el otro para engañar a los pobres de Nicaragua haciéndoles creer que gobierna por y para ellos.

Pero la verdad es que el sandinismo en general y Daniel Ortega en lo particular, no ganan nada con esa simulación en el caso de que fuese cierta, pues tampoco engañan a nadie. Y cabe suponer que no solo fuera del Gobierno hay sandinistas sensatos que critican frontalmente al régimen de Daniel Ortega, sino que en las mismas esferas gubernamentales hay quienes disienten de su rumbo irresponsable.

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