¿Se merece Willie Randolph ser el primer piloto en perder su empleo esta temporada?
En estos momentos, la respuesta debe hacerse con un sonoro sí. Sea justo o no, Randolph es el culpable inmediato por el mediocre récord de sus Mets de Nueva York (23-26), en los papeles el equipo más talentoso de su división y dueño de la nómina más onerosa de la Liga Nacional.
El letargo en el cual se han sumido los Mets no debe ser atribuido simplemente a la personalidad estoica de Randolph. La culpa se puede repartir por igual a varias adquisiciones cuestionables del gerente Omar Minaya y una tropa de jugadores que ha rendido muy por debajo de lo habitual.
En Grandes Ligas, sin embargo, la soga siempre se rompe con el mánager y éste es el caso irremediable en el que se encuentra inmerso Randolph, quien recién en 2006 había tenido al equipo a ley de una victoria de avanzar a la Serie Mundial.
El lunes, medio mundo daba por descontado que iba a ser cesado, pero los directivos del club lo ratificaron en el puesto.
Bien se puede argumentar que el voto de confianza que recibió fue bastante tímido, y no se descarta que le muestren la carta de despido si el rumbo del equipo no cambia pronto.
Aunque Minaya declaró que Randolph no se encuentra en un “limbo”, el propio mánager admitió que “nadie me dijo” que tenía el trabajo garantizado hasta el final de temporada.
Sus Mets siguen perdiendo, con 10 derrotas en sus últimos 14 juegos, y los cánticos pidiendo la cabeza de Randolph ya se escuchan en el Shea Stadium.
El que se encuentren a seis juegos y medio de los Marlins de la Florida, los punteros en el Este de la Nacional, puede calificarse de injustificable.
También de insólito, si se considera que mantener la nómina de los Mets cuesta casi 140 millones de dólares, una diferencia abismal con respecto a la de los Marlins, que apenas ronda los 20.
De ilógico, si se toma en cuenta que éste fue el equipo que contrató a Johan Santana contra viento y marea. El mismo equipo del cual Minaya pregona tener “pasta de campeón”.