El futbol europeo es la plataforma perfecta donde la pelota se disputa al más alto nivel competitivo. Manchester y Chelsea dieron una demostración exquisita de un excelente nivel técnico, táctico y físico, en la reciente Final de la Liga de Campeones.
Un espectáculo donde literalmente hubo pasión, sangre, lágrimas y risas. Lo más llamativo de la Final inglesa es que tuvo como figuras centrales a jugadores extranjeros. Los “Diablos Rojos” tuvieron a Carlos Tévez.
El atacante argentino parecía una incansable locomotora que se comía el campo en la faena de recuperar la pelota y encontrar el espacio mínimo para derribar a su rival.
Junto al “Apache” estuvo el portugués Cristiano Ronaldo, quien puso a la escuadra roja arriba, tras recibir el esférico con su cabeza y fundirla a las redes de Pert Cech.
Ronaldo falló en la ronda de penaltis, pero su trabajo a lo largo del torneo fue tan genuino como su manera de sentenciar a su rival y versatilidad para jugar en cualquier área del campo.
El Manchester también contó con un héroe holandés, el arquero Edwin Van der Sar que desvió sólo un tiro en la tanda de penaltis, pero el crucial para conquistar la victoria. El arquero holandés finalizó en el torneo siendo el menos goleado del campeonato, tan sólo permitió cuatro anotaciones, y pese a sus 38 años de edad, las habilidades de Van der Sar bajo los tres palos siguen a la altura del mejor equipo de Europa.
Ferguson fue cauteloso, quizás modesto en el planteamiento táctico con el que enfrentó a un Chelsea que jugó para ganar con una propuesta de control y dominio ofensivo, pero que sin suerte no definió en momentos claves. John Terry le abrió las puertas del triunfo a su rival y Anelka le sirvió la corona.
Los “Blues” jugaron con el alma y corazón, pero el futbol se juega con inteligencia y las oportunidades para anotar no se desaprovechan, pues significarían la derrota como pasó con los pupilos de Grant.
La tropa azul se mostró ordenada y agobió a su rival en el juego, creó oportunidades de anotar, pero todas fueron a parar a las manos de Van der Sar y en su mayoría lejos de la portería contraria.
Terry, el capitán, el emblema del Chelsea, falló en el momento crucial, engañó a Van der Sar, pero un resbalón hizo que el tiro saliera a un lado de la portería. Fue en ese momento que la vida volvió para el Manchester.
¿Fue justa esta Final? Ir a la tanda de pénaltis es una fusión de suerte, pero más que esto definición, los arqueros son los elementos centrales para evitar la caída y lograr el triunfo.
En esta Final en particular, falló un jugador, y el arquero Van der Sar fue el héroe que desvió el tiro de Anelka y colocó en el podium al Manchester.
¿Chelsea jugó mejor? Nadie lo duda, pero la escuadra roja se enfrentó a la altura y con una estrategia diferente. Ferguson quiso mantener el 1-0 y al verse con el empate 1-1 se arriesgó y decidió jugarse el título en los pénaltis, confiando en sus cracks.
Ronaldo, el mejor jugador del mundo, volvió a fallar un pénalti (antes lo hizo frente al Barcelona), los nervios lo traicionaron. Dudar dos veces frente a un portero experimentado fue su primer error, antes de patear el esférico, Pert Cech ya había adivinado la intención del portugués.
El Manchester ganó la corona sin presentar un futbol brillante, pero jugó lo suficiente para recuperar el trono perdido hace nueve años. Ferguson se consagra el mejor técnico y el más ganador de Inglaterra.
Los “Blues” merecieron ganar, pero la suerte y la definición las tuvo el Manchester. El champán fue abierto, Ferguson hizo un brindis en honor al título conquistado, los jugadores celebraron con la afición, mientras Terry lloró desconsolado en el césped del estadio.
El desconsuelo del magnate Roman Abramovich no tuvo descripciones, se dio cuenta de que en el futbol los millones no bastan para ganar una Liga de Campeones (más de mil millones de euros invertidos en el club).