¿Sabías qué? las matemáticas organizan el mundo que nos rodea y están presentes en la mayoría de actividades cotidianas: desde servir una taza de café, ir a comprar algunas libras de frijoles, recorrer la distancia diaria hasta la escuela o poner la mesa para seis comensales. ¿Cuándo empieza el problema entonces, con la matemática? Cuando ellos y ellas se enfrentan al aprendizaje abstracto (¿abstracto?: algo no concreto, que no tiene realidad propia, por ejemplo: los números separados de las cantidades, cuando usted menciona el número 5, surge la interrogante ¿5 qué? Si le adiciona al 5, la palabra metros, ya su mente hace una relación de una unidad de medida: el metro. Nuestro hogar, el jardín o la terraza, la calle, el vecindario, el parque, son espacios factibles de ser investigados, analizados, descritos, observados desde una óptica matemática.
Depende de nosotros como padres y madres que seamos más o menos sensibles a plantear preguntas que conduzcan a nuestros hijos de manera que miren a su alrededor de otro modo. Para ello necesitaremos darnos cuenta de que las matemáticas surgen de la experimentación con objetos reales y que debe ser a través de ellos que nuestros hijos hagan muchos de los descubrimientos que les llevarán a una comprensión más profunda del medio en el que viven, a la vez que les permitirá descubrir las matemáticas como lo que son: una herramienta imprescindible en la vida de todas las culturas. ¿Por qué —aunque no conozcamos al detalle los artificios de las matemáticas— plantearles a nuestros hijos, ejercicios que “suavicen” la comprensión de esta ciencia? Por ejemplo: al preparar la mesa para la cena, siendo el núcleo familiar de 4 personas, ¿cuántas cucharas, tenedores, vasos, servilletas, platos se necesitarían?, ¿qué cantidad de objetos se requirieron al final? ¿Un ejemplo más difícil? ¡Va pues! Adquiera un pastel o queque y permita que su hijo calcule primero los pedazos que se necesitarán y que haga un cálculo de cómo deberá dividir el pastel para que los pedazos sean iguales y cada comensal reciba una parte proporcional. ¿Qué parte de la matemática aplicó? ¡El uso de las fracciones!
Y como los ejemplos anteriores, ¡hay cientos!, lo cual demuestra que de pensar un poquito, donde poner en práctica nuestra propia vida diaria, en función de los números, lograremos que nuestros hijos e hijas estudiantes experimenten vivencialmente esta asignatura que, en el caso de no ser comprendida, puede dar problemas a lo largo de toda la escolarización, resultando además frustrante para padres e hijos. La vida diaria nos ofrece constantemente oportunidades de aprendizaje e investigación que, convenientemente aprovechadas, crearán en nuestro hogar y nuestra familia un ambiente de descubrimiento que favorecerá de manera directa e indirecta la escolarización de nuestros hijos.