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El libre comercio es la solución
Eduardo Duque Estrada O.
El autor es Economista

Recuerdo que tuve el privilegio de conocer en el año 1994 al profesor y economista Hans Singer, durante una conferencia de comercio internacional en Inglaterra, ya entrado en sus ochenta, y aunque no tomó la palabra el tema de la misma era sin lugar a dudas aquél de su preferencia, o sea la caída recurrente de los precios de los productos primarios ante los manufacturados a través del tiempo.

Hoy con los precios de los productos agrícolas en crecimiento me viene a la mente la antigua “Ley de Engel”, base de la hipótesis de Singer y del economista argentino y fundador de la CEPAL, Raul Prebisch, basada en las investigaciones del alemán Ernst Engel, que argumentaba que la demanda por productos primarios ante el aumento del ingreso de los países industrializados es inelástica, o sea que cuando aumenta el ingreso per cápita de la población mundial, la demanda por los “commodities” se conserva casi inalterable, por lo tanto los precios de estos productos no mejoran con relación a los manufacturados. Básicamente, el hecho de tener más ingresos no implica que usted vaya a alimentarse más, por lo que el ser un país exportador de productos primarios te ata inexorablemente al subdesarrollo, para lo que Prebisch y Singer recetaron el proteccionismo y la sustitución de las importaciones buscando desarrollar la industria manufacturera, modelo que en América Central no trabajo.

Ahora las cosas parecen haber cambiado. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el aumento en los precios de los productos agrícolas observado implica un cambio en la estructura del mercado mundial de dichos bienes. Los índices de precios de los “commodities” han aumentado a un promedio anual de 1.3 por ciento desde el 2000 y un 10 por ciento desde el 2006 por varios motivos. Un cambio en la estructura de la demanda de países como India y China, los cuales al aumentar sus ingresos cambian sus gustos y la nueva clase emergente se mueve de la comida a base de harinas hacia la carne y los lácteos. Esto a su vez aumenta la demanda por granos para la nutrición de animales que nos proveen dichos productos. Adicionalmente, la población mundial viene creciendo a razón de 78.5 millones de personas al año, generando una mayor presión en la demanda por comestibles.

Por otro lado, hay un nuevo mercado de energías renovables, principalmente los biocombustibles a base de maíz, azúcar, palma y soya. Esto sin duda alguna genera mayor demanda y se traduce en mayores precios.

Por último, la falta de visión o deseo de algunos gobiernos en perfeccionar sus explotaciones petroleras, mantener adecuados niveles de inventarios y optimizar otras alternativas energéticas ha contribuido al desmesurado y especulativo aumento en los precios del petróleo, llevándolo a crecer más de cuatro veces sobre sus niveles de los años noventa. Visiblemente, producir y transportar productos primarios ahora es más caro, traduciéndose en mayores precios para los alimentos.

Con esta nueva realidad la tesis del profesor Singer pareciera debilitarse y la tentación del proteccionismo tiende a desfallecer. Nosotros como países productores de bienes primarios debemos aprovechar y aumentar nuestra producción no sólo para el consumo nacional sino también para exportar, aprovechándonos de la globalización, y los tratados de libre comercio que hemos firmado. Pero cuidado, estos precios mayores deben de beneficiar directamente a los productores, pues si el margen de comercialización absorbe la mayor parte del incremento, el productor no tendrá incentivos para producir más. Por eso, la idea de que Enabas compre granos para exportar es inaceptable, pues es el mercado y no el Estado el que debe de decidir cuánto le queda al productor.

Para terminar, según las proyecciones de la FAO, los países productores netos de comida, o sea que producen más bienes primarios de lo que consumen, tienden a beneficiarse de los altos precios por el tiempo que esto dure, dado que aún cuando se espera que el aumento continúe varios años más, el mercado aumentará la producción hasta que la tendencia se reverse. O sea, que a diferencia de lo expresado recientemente por algunos funcionarios de Alba, el libre comercio es la solución y no la causa del problema.

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