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Alfonso Cano y Manuel Marulanda “Tirofijo” en una foto de archivo de junio del 2000. (LA PRENSA/ ARCHIVO )
¿Quién será el sucesor de Marulanda?
Con la desaparición de “Tirofijo” se debilita la cohesión que su sola existencia representaba
Su posible sucesor, Alfonso Cano, no tiene carisma ni malicia ni el peso histórico de “Tirofijo”
Tomado de Semana.com
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Cano con poco arrastre

Si Marulanda murió efectivamente en marzo, como se cree, habría sido el tercer miembro del Secretariado que esa organización perdió en el mismo mes. Los otros dos murieron, el uno en un acto de guerra de su enemigo, y el otro en un acto de traición de su guardia personal.

Sin Marulanda esta reorganización es más difícil porque él permitía construir consensos y equilibrios entre las opiniones más militaristas y las más políticas dentro de las FARC.

Ahora no está claro quién puede jugar un papel de líder carismático que unifique las posiciones en el Secretariado.

Alfonso Cano, así sea el sucesor elegido y tenga una gran formación, no tiene ni el carisma ni el ascendente de Marulanda. Aunque muchos de quienes le conocen lo valoran como alguien mucho más político.

Cano, que había logrado despuntar en lo militar, ha tenido tremendos reveses en poco tiempo: el asesinato por una de sus estructuras de los 11 diputados del Valle, la muerte de Iván Ríos, las deserciones de Rojas y “Karina”, y frentes como los de Tolima, Antioquia y el viejo Caldas, que han sido desarticulados completamente.

En peligro

La sucesión no será tranquila. Habrá diferencias, pugnas y, muy seguramente, si las FARC no logran en corto tiempo hacer una conferencia en serio —no por internet—, existe el riesgo de que empiecen a resquebrajarse por la falta de conducción militar y política.

No está claro que Alfonso Cano tenga el suficiente liderazgo para mantener cohesionada a la guerrilla más antigua del continente.

Durante muchos años las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se estuvieron preparando para la muerte de Manuel Marulanda “Tirofijo”. Aun así, la sucesión del poder en el Secretariado será mucho más traumática de lo que ellos mismos esperaban.

Primero, porque con Marulanda se va en parte el mito fundacional de la guerrilla, que todavía le daba un polo a tierra con el mundo campesino y agrario. Segundo, porque hasta el momento de su muerte, y según lo revela el computador de Raúl Reyes, él seguía siendo la columna vertebral de la dirección política y estratégica de esa guerrilla.

Y tercero, porque su muerte se habría producido en el peor momento que ha vivido esa organización en toda su historia.

SIN ANTECEDENTES

A los problemas de comunicación, finanzas, políticos y militares, se les sumarán las tensiones propias de una competencia por el mando, pues aunque para todos esté claro que el sucesor de Marulanda es Alfonso Cano, en la práctica éste no tiene ni la malicia ni el peso histórico que hacían de “Tirofijo” un personaje tan especial.

La muerte del mito fundacional, de ser confirmada, genera desconcierto.

Primero, es un golpe moral para todas las generaciones de combatientes y mandos de las FARC que se formaron a la sombra de Marulanda, como imagen de terca resistencia, de indoblegable decisión de mantenerse en la guerra, del ánimo reivindicativo de los campesinos y como prueba viviente de “la traición de las élites”, que representó en el mundo agrario el ataque hace 50 años a Marquetalia.

Con su desaparición también se debilita la cohesión que su sola existencia representaba. De las tres generaciones que hay en las FARC: la campesina, la de quienes se formaron en el Partido Comunista, y la de la era cocalera, la primera está desapareciendo, la segunda aún tiene incidencia, pero a medida que la organización envejece, el relevo lo hace la tercera generación, mucho más movida por los intereses y la codicia, y menos por una ideología que con los años es más anacrónica.

Por otro lado, aunque muchos en el gobierno, en los medios y en la academia pensaban que hace años “Tirofijo” no era más que una figura simbólica en las FARC, los computadores de Raúl Reyes demuestran lo contrario.

Una de las sorpresas que se llevaron los analistas de inteligencia era ver que J.E., que era el seudónimo de Marulanda, aparecía como el más informado de todos los del Secretariado, al que todos le rendían cuentas, y quien hacía las anotaciones más pausadas y estratégicas.

En los últimos meses Marulanda dirigía en persona los pasos que se daban en la relación con Hugo Chávez, explicaba con claridad meridiana la necesidad de internacionalizar a las FARC, y expresaba con frecuencia dudas y reparos a las actuaciones emotivas o demasiado confiadas de sus camaradas.

En el computador, el cálculo político y la defensa del Plan Estratégico corrían siempre por cuenta de Marulanda.

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