En estos días he estado platicando con personas de diferentes ideologías políticas e incluso gente que ni siquiera tiene intereses políticos, y lo que me ha llamado la atención es el sentimiento de desesperanza que existe.
Tal vez no debería de sorprenderme porque yo sí creo en las encuestas y la más reciente de M&R Consultores dice que el 60 por ciento de los ciudadanos considera que el compañero comandante pueblo presidente Daniel lleva al país en dirección equivocada. Y peor aún, un 73.7 por ciento tiene poca o ninguna esperanza en este Gobierno.
Sin embargo, el estado de ánimo de las personas con quienes he conversado no sólo es de desesperanza de que este Gobierno no les depare nada bueno, sino que este Gobierno está cerrando los espacios cívicos de expresión, está cerrando las válvulas de escape y eso, me expresaron, es peligroso.
Ese sentir lo identifiqué más fuertemente con las personas con las que hablé ayer, luego de que se conoció la decisión del Consejo Supremo Electoral de empezar un proceso de cancelación de personería jurídica a varios partidos, sin tener causal alguna.
Para los más políticos, esta acción del CSE es sólo la implementación de un paso más en el pacto Alemán-Ortega, que al final pretende sólo dejarlos como opciones políticas a ellos dos. Con la salvedad de que “la opción política” Alemán vivirá siempre sometido al terror de la cárcel, porque las opciones de Alemán no están entre estar encerrado en El Chile o tener la libertad plena, sino entre estar encerrado en El Chile o estar encerrado en La Modelo.
Porque, como lo han expresado algunos políticos, que se olvide Alemán de que va a salir en seis meses como cree su abogado. Lo de Alemán va para largo, pues para eso el Tribunal de Apelaciones le “menudeó” la sentencia de 20 años, y ahora no es sólo por lavado de dinero que está condenado.
Pero más allá de los problemas de Alemán, ese pacto también incluye eliminar políticamente a Eduardo Montealegre, y ahora, como lo vemos con el CSE, también eliminar cualquier opción con alguna posibilidad de levantar cabeza, como el MRS y el Partido Conservador.
Pero el gran problema detrás de esto no es sólo que se están cerrando las opciones políticas, sino que a la población se le está ahogando con la ineptitud del Gobierno.
Al problema político hay que agregar la inflación galopante, el problema de la energía, la creación del desempleo, que en sólo año y medio ha creado 17 mil desempleados sólo en las zonas francas.
Y lo peor, que cuando alguien se atreve a protestar, como fue el caso de los transportistas, la orden a la Policía es reprimir sin miramientos.
Una de las personas con las que conversaba me decía que esto es como una caldera que, de seguir así las cosas, de cerrarse las opciones políticas, de no darle solución a los problemas económicos más grandes que puede enfrentar la ciudadanía, como son el desempleo y la inflación, lo único que se puede pensar es que tarde o temprano va a estallar.
Aún hay tiempo. El compañero comandante pueblo presidente Daniel no tiene que gobernar sólo para la gente que votó por él y para que se enriquezcan los de su círculo más cercano.
Pero eso es mucho pedir al compañero comandante pueblo presidente Daniel. Sin embargo, esperar a que la caldera estalle tampoco es una opción para Nicaragua.
No podemos dejar que nos venza la desesperanza. La única esperanza es salir a votar, y votar masivamente. Es la única forma de cambiar las cosas y de no autodestruirnos.