publicidad
Managua
10:40 am
24.05.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
“En el principio…” con Gioconda
Élida Z. Solórzano
La autora es comentarista semanal de la TDC en Radio María
publicidad

Curiosa por las entrevistas que leí, compré la novela El infinito en la palma de la mano, de Gioconda Belli, el mismo día que llegó a la librería en Managua.

No soy “fan” del tipo de erotismo que con frecuencia se encuentra en las obras de Gioconda, pero admiro su genio literario, su clara inteligencia y rica sensibilidad. Pienso que el Creador la ha agraciado con muchos talentos y en esta novela, en particular, luce gran intuición. Ésta es una cualidad poco entendida y por algunos despreciada, pero que es una dote del alma personal que va más allá del mero conocimiento y que suele manifestarse con mayor frecuencia y abundancia en el sexo femenino.

Mi curiosidad por esta novela se debe a que soy estudiosa de la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II (JPII) que analiza y medita la narración de la Creación según el Génesis, a la luz de los Evangelios. Y aunque la novela de Belli tiene fuente y finalidad muy distinta, deseo hacer notar los contrastes. El intento de Gioconda parece querer deleitar la imaginación con algo desconocido y desconcertante. En la Teología del Cuerpo (TDC) Juan Pablo II acuña el término “antropología adecuada”, la que toma en cuenta al hombre entero, a la criatura hecha “a imagen y semejanza de Dios” que siendo cuerpo y espíritu al mismo tiempo, ninguna ciencia positiva puede explicar cabalmente, pues todas caen en reduccionismo.

Gioconda Belli para construir su fantasía cita como fuente textos apócrifos que no fueron incluidos ni en la Biblia hebrea, ni en la cristiana. La Teología del Cuerpo, en cambio, para explicar “el principio”, inicia con los relatos del Génesis 1 al 4, 1 y como antropología busca responder dos preguntas fundamentales: ¿Quién es el hombre (en sus dos versiones de varón y mujer) y cómo se puede vivir para ser verdaderamente feliz? El Papa busca la respuesta en “el principio” que cita Cristo en Mateo 19.

Cuando los fariseos le preguntan a Cristo sobre algo tan fundamental como la relación de pareja, refiriéndose al divorcio permitido por Moisés, la respuesta de Cristo es: “En el principio no fue así”.

Creo que no existe algo más básico que la relación entre los sexos tanto en el ámbito personal como en el social. ¿Acaso no encontramos allí los orígenes de las familias y todas las culturas? ¿Acaso no es la familia el núcleo fundamental de la sociedad? Con esa fuente de doctrina bíblica y las experiencias subjetivas de los seres humanos que siempre fueron tan importantes para JPII en su búsqueda de la verdad, él desarrolla su TDC.

¿Pero cómo conocer “el principio” por experiencia si no hay quién lo haya vivido para contarlo? El Papa dice que la experiencia de pecado que todos experimentamos de tantas maneras negativas, si las volteamos al positivo, logramos aproximarnos a lo que debió ser “el principio” cuando varón y mujer vivían “la inocencia originaria”, “estaban desnudos pero ninguno sentía vergüenza” y Dios dijo que todo estaba “muy bien”.

Disfruté mucho la novela imaginativa y poética de Belli y me dio gusto conocer que ella no sólo comprende las diferencias fundamentales entre los sexos sino que las ve positivamente para la complementariedad entre ellos.

Por motivos de espacio, sin embargo, sólo mencionaré tres asuntos que hubiera preferido se mantuvieran más cercanos al relato del Génesis. Primero dudo que Adán y Eva hayan estado “aburridos” como dice la novela, ya que Dios los puso en el jardín para que lo cultivaran y lo cuidaran. Segundo, aunque no sabemos cómo fue la unión matrimonial entre Adán y Eva en el jardín, la unión de “una sola carne” sí se menciona antes del pecado, aunque Adán dice haber “conocido” a su mujer hasta después, en Génesis 4, 1.

Sin embargo, el tercero es el más importante y también peligroso. Creo que este género de novela que descansa en varias hipótesis, pero que se refiere a verdades fundamentales, suele confundir sobre todo a los menos informados. En este sentido constituyen un peligro. El infinito en la palma de la mano no refleja al Dios personal que “en la brisa de la tarde se paseaba por el jardín” y se comunicaba con Adán y Eva. Ellos en su “inocencia originaria” poseían la plenitud de la imagen de Dios y por su pureza de corazón eran capaces de gran intimidad con Dios, cosa que vemos ahora solamente en los santos. “Elokim”, nombre de Dios que usan Adán y Eva en la novela, en cambio, se describe como un Dios indiferente, distante, cruel y hasta burlón. Dios no es así.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda
[an error occurred while processing this directive]